Proyecto. Se desarrolla en la zona rural del municipio de San Carlos; ya beneficia a 40 familias que han cambiado el chaqueo por la producción de miel de especies silvestres, pero conservando el bosque
Desafío. Lo que parecía imposible hace cinco años, ahora se ha convertido en una fuente de sustento para varias familias campesinas de la población de Santa Fe
Hasta hace cinco años, Hugo Quispe, habitante de Villa Imperial, comunidad ubicada a los pies del Parque Nacional Amboró, sólo concebía su sobrevivencia mediante la deforestación y quema de sus tierras a fin de adaptarlas para la siembra de arroz y maíz. Ahora ha cambiado esa forma de trabajo por un sistema agroforestal, basado en la meliponicultura comunitaria familiar, que no es otra cosa que la producción de miel, polen, propóleo y cera de abejas nativas meliponas.
Las abejas melíferas, como también se las conoce, pertenecen al género meliponas porque carecen de aguijón. En Latinoamérica se encuentran en un vasto territorio, desde el norte argentino hasta la región central de América, registrándose aproximadamente 280 especies. En Bolivia se las puede ubicar en casi todo el oriente, en la Chiquitania, en el Chaco, en los valles mesotérmicos y en la región de los Yungas. Algunos especialistas aseguran que existen referencias sobre las prácticas de criar este tipo de abejas en la época prehispánica.
También se caracterizan por construir sus panales en los más variados lugares, pudiendo estar en el corazón de los árboles viejos o en refugios de mamíferos u otros animales en el suelo. Varias especies de las meliponas nativas han desaparecido por la constante deforestación.
A pesar de ello, aún quedan algunas en el parque tropical. Se estima que en este lugar existían más de 130 tipos, pero actualmente sólo se pueden encontrar cerca de once especies. De esas, entre cuatro o cinco (suro choca y negra, erereú, obobosí y señorita) son las de mayor presencia porque residen en bosques altos. A diferencia de la miel común que se vende por alrededor de Bs 30 el kilo, la silvestre tiene un costo mayor por su alto valor vitamínico y nutritivo. La buscan por su aporte curativo para tratar desde problemas visuales, como las cataratas, hasta oxidante para envejecer con calidad de vida. No ha sido fácil para varias familias campesinas del municipio de San Carlos emprender el desafío, en el que 40 grupos continúan firmes.
Quispe nunca se imaginó que las colmenas, que en varias ocasiones había observado mientras recorría el monte, más tarde se convertirían en una fuente de sustento y de toma de conciencia sobre el cuidado y protección de los recursos naturales. Sin embargo, la recolección de panales no es tarea sencilla, puesto que los hay encubiertos (en alguna cavidad del suelo, árbol o roca), expuestos (colgando en ramas de árboles), asociados (ubicados junto a refugios aéreos o subterráneos de otros insectos), subterráneos (están asociados a nidos de insectos o en madrigueras abandonadas) y robados (cuando viven a costa de alimentos y colmenas de otras abejas). Hay que ubicarlos y una vez detectados se inicia la captura. Para ello, se debe colocar la caja al mismo nivel y posición que tiene el panal en el árbol o lugar encontrado, de lo contrario podría arruinarse el trabajo. Luego se lo traslada con cuidado hasta la caja donde será su nueva residencia y se deja por lo menos dos días en el lugar. Después de ese tiempo, recién se lo puede trasladar al sitio definitivo, pero esta operación debe ser realizada durante la noche, cuando están todas las abejas en casa y no se encuentran los enemigos naturales (mosca loca, abeja limón y hormigas). Luego de que ya han pasado varios años, el esmero de Hugo, que le ha permitido obtener 100 cajas con abejas, contagió a otros comunitarios que, con suerte, encontraron panales en árboles viejos que tenían incluso hasta 20 litros de miel y polen. Alberto Llanos detectó en su chaco más de 60 colmenas, pero por falta de recursos para comprar las cajas las tiene en tacuaras y recipientes de cartón. “Al principio no teníamos fe, ahora vemos que valió la pena y ya no chaqueamos, más bien reforestamos”, dijo Llanos.
Al igual que la estructura del resto de las especies, las abejas nativas meliponas están organizadas por la reina, que es considerada la madre y única abeja fértil de la colonia. Existe la reina virgen y la reina ponedora. Le siguen los zánganos, que son los machos, cuya función es la de fecundar a las vírgenes, luego están las obreras sobre las que recae el trabajo que se realiza dentro de la colmena.
Con este sistema de producción no están amenazadas las especies de la zona, ya que cada cierto tiempo la colmena duplica su producción y muchas de ellas retornan al bosque para conformar panales.
A recuperar los pulmones vegetales
Paralelamente a la producción de miel, se ha desarrollado en Santa Fe de Yapacaní un programa de fomento a la agroforestería comunitaria para la recuperación de especies maderables con alto valor económico. También los hay de plantaciones frutales, cuyas flores proveen el néctar para las abejas. La producción de cítricos aumenta la cobertura vegetal y por ende las oportunidades de mejorar la salud de los bosques en espacios deteriorados, explicó Urbelinda Ferrufino, directora ejecutiva de la Asociación Ecológica del Oriente (ASEO), que impulsa el emprendimiento con los comunitarios. Esto lo han entendido los campesinos, que ya han empezado a reforestar sus tierras. Han plantado mandarinas, naranjas, mangas, achachairú, guapurú y pachío, y en los alrededores especies maderables como mara, cuchi y tarara. “Esta experiencia nos ha permitido contribuir tangiblemente al desarrollo sostenible, bajo la dinámica de recuperación, aprovechamiento y conservación de estas especies de vida silvestre”, dijo Ferrufino.
El proyecto agroforestal, propuesto por ASEO, surgió con el objetivo de evitar que se siga destruyendo el parque y al ver que hay pocas acciones que apuestan a la conservación de este recurso natural. Ahora cuentan con el apoyo de otras instituciones, como el PNUD y la Prefectura.
Cuarenta familias tienen sustento y desarrollo en la meliponicultura
Si no resulta este proyecto, te pondremos en un palosanto, para que aprendas a no mentir a la gente. Esa fue la advertencia que recibió Urbelinda Ferrufino ejecutiva de ASEO, institución impulsora del proyecto de melipolinocultura (cultivo de abejas nativas), de parte de algunos dirigentes de colonizadores de Yapacaní.
Hoy, después de cinco años, el sueño se ha hecho realidad. El pasado martes, la Asociación de Productores de Miel Nativa (Apromin), conformada por 40 familias campesinas asentadas en la zona norte del Parque Nacional Amboró, inauguró su centro de acopio con una planta envasadora de miel en la localidad de Santa Fe, distante 135 kilómetros de la ciudad, y financiada por el PNUD. Tito Solari, arzobispo de Cochabamba, celebró una misa para bendecir el emprendimiento. Allí convocó a los beneficiarios a imitar el ejemplo de las abejas, de trabajar en forma solidaria.
En 2001, con el apoyo de Unión Mundial para la Conservación, se inició el proyecto con 340 unidades productivas. Actualmente es una empresa comunitaria con 2.000 colmenas en producción. Además, han creado su firma de comercialización denominada Suro Amboró, identificación que llevarán los envases de la miel. María Luz Muñoz y Mariscal Palacios son dos lugareños que ratifican que el proyecto es posible.
Datos dulces
Emprendimiento. Es el primer proyecto de producción de miel nativa en esta zona.
Producción. Está entre 10 y 40 litros por colmena por año, ya que la producción depende de factores como el clima, la época de floración y la aparición de plagas.
Precios. A diferencia de la miel común (alrededor de Bs 30 el kilo) ésta tiene un costo más elevado, por su aporte medicinal. El litro o kilo fluctúa entre Bs 140 y 800, como es el caso de la miel de señorita, que se vende 10 ml por Bs 10.
Inicio. Cada socio empezó con una colmena, ahora tienen entre 15 y 60; incluso algunos llegan a 100.
Rentable. Para convencer a los comunitarios, se ha tenido que demostrar cuánto se gasta en desmontar una hectárea, para habilitar tierras para sembrar, y cuántas colemnas se pueden encontrar en esa misma extensión, y lo que eso significa en recursos económicos.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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