A inicios de este milenio, hubo un gran movimiento internacional que promovía el perdón de la deuda externa de los países en vías de desarrollo. En el Jubileo 2000, varias organizaciones internacionales, decenas de Organizaciones no Gubernamentales, Dalai Lama, Jeffrey Sachs, Julia Roberts y hasta Bono líder de la banda de rock U2, abogaban para que los países ricos condonen la deuda de los países pobres, como Bolivia.
Después de muchas acciones de los movimientos sociales internacionales, plegarias, milluchadas, seminarios, conciertos, marchas, fiestas de solidaridad, protestas, y encuentros, tanto a los países desarrollados como los organismos internacionales se les ablandó el corazón y comenzaron una serie de programas de alivio de la deuda externa en Bolivia.
En el 2003, la deuda pública externa alcanzaba algo de 5.000 millones de dólares. A marzo del 2007, la deuda se redujo a 3.235 millones de verdes. Este proceso, merece una conmemoración maldita, podríamos organizar un segundo Woodstock en Huajchilla e invitar a que U2 toque el rock de la deuda.
Pero no todo es fiesta, en cuanto países amigos y organismos internacionales nos aliviaban el peso de la deuda externa, diversos gobiernos nacionales, muy calladitos, han hecho que la deuda pública interna suba de manera significativa. Y ahora resulta que, si se avanza con otros programas de condonación, el Estado les deberá más plata a los ciudadanos bolivianos que a los acreedores internacionales.
En 1994, la deuda pública interna era solamente 97,5 millones de dólares. A marzo del 2007, la deuda aumentó a 2.862 millones de dólares. Cabe recordar que la deuda externa perdonada, en general, era concesional y a tasas de interés relativamente bajas. La deuda del Gobierno con el sector privado nacional fue contraída a tasas de interés elevadas, en torno del cinco por ciento. En facilito, hemos sustituido deuda barata a largo plazo, por una deuda más cara y a menores plazos.
¿Cómo es que esta deuda interna pública ha crecido de manera tan significativa? Buena parte de estos recursos, fueron captados por el Gobierno de nuestras contribuciones al Fondo de Capitalización Individual (FCI), administrado por las AFP. En concreto, le hemos prestado al Gobierno, 1.422 millones de dólares. En efecto, como el Estado boliviano no tenía cómo atender a los jubilados del antiguo sistema de pensiones, comenzó a prestarse plata del FCI. Es decir, desde 1996, los diversos gobiernos de turno se endeudaron para pagar las jubilaciones a nuestros abuelos y abuelas. Esta fue una forma medio perversa de volver al sistema ´solidario´, porque las generaciones jóvenes que trabajan están prestando plata al Tesoro General de la Nación (TGN), para que éste les pague a los retirados, pero a tasas de interés elevadas. Esta no parece ser la actitud más encomiable de los hijos hacia los padres o abuelos.
Otra parte de la deuda interna, 970 millones de verdes, también fue contraída con el sector privado nacional para cubrir brechas financieras de corto plazo del Gobierno, pero al final, éste termina refinanciado esta deuda a plazos más largos y acumulando compromisos. Finalmente, está la deuda del Banco Central (BC) por sus operaciones monetarias que llega a 469 millones de dólares. Esta parte de la deuda se origina en la acumulación de reservas internacionales que, en la actualidad, han sobrepasado los 3.400 millones de dólares. Vamos con chuis.
Dado que estamos exportando mucho, las empresas o personas que venden al exterior llevan sus dólares al BC y los cambian por bolivianos. Así aumenta la liquidez en el sistema, quiere decir que entran millones de bolivianos a la economía, lo que podría generar inflación. Por lo tanto, el Gobierno vende sus títulos, a buenas tasas de interés, para retirar dinero de circulación. A esto se llama operaciones de mercado abierto o esterilización y hace parte de la política monetaria nacional.
Ahora, lo más extraño de todo esto es que inclusive el 2006, cuando se anunció que Bolivia era como Kuwait y tenía un superávit de seis por ciento del PIB, la deuda interna aumentó en un 21 por ciento.
Para el sentido común de las personas, como usted y yo, esto parece muy racional. ¿Cómo es posible que si me saqué la lotería del gas natural, estoy lleno de marmaja, y todavía me sigo prestando plata del sector privado boliviano? Cabe recordar que la tasa de ahorro el año 2006 fue de 25 por ciento del producto. Tal vez esto pude ser un síndrome de nuevo rico, que ahorra plata a costa de la familia.
El tamaño de la deuda pública interna está en torno del 30% del producto y esto es algo que debe preocuparnos muchísimo, porque no vaya a ser que el Gobierno nos cuente el cuento del tío sobre este dinero, a los que contribuimos al FCI y al resto del sector privado. Si esto ocurriera, les aseguro que no vendría Bono y sus muchachos a ayudarnos. Por lo tanto, urge contar con una política de administración de la deuda pública interna. Dado que ahora hay recursos en la caja, no sería mala idea comenzar a pagar, por lo menos, parte de estos compromisos financieros con el pueblo.
Gonzalo Chávez * es economista y fanático de U2.
chavezbol@hotmail.com
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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