La misión de ayuda de la ONU puso la mira en una inveterada falencia, cual es la casi ninguna previsión de Bolivia en todo orden de cosas.
Al término de su gira por siete de los nueve departamentos, la misión de ayuda enviada por la Organización de Naciones Unidas con motivo de los daños causados por el fenómeno de El Niño, dejó serie de recomendaciones al Ministerio de Defensa, tendentes fundamentalmente a la generación de una cultura de prevención en el país.
De tal modo, puso la mira en una inveterada falencia, cual es la casi ninguna previsión de Bolivia en todo orden de cosas, en el erróneo entendido de que, tratándose de los embates de la naturaleza, por ejemplo, siempre será eximida por obra del azar; excepción hecha de regiones donde la población sabe que eso no es así y que, por ello mismo, se prepara anualmente para enfrentarlos, como es el caso del departamento del Beni, el más azotado por las recientes inundaciones con magnitud que en harto superó a las anteriores.
Según informes relativos a la evaluación de los delegados del organismo mundial, estos hicieron notar la ausencia de un instrumento técnico que dé pautas para mejorar sistemas de prevención y atención futura, sobre la base, al parecer, de lo poco que pudiera existir al respecto pero cuya labor es más bien imperceptible por carecer de respaldo del Estado, circunstancia que virtualmente significa no contar con nada, según se observa en los hechos.
Asimismo, la misión halló que algunos municipios tienen cierta capacidad de reacción ante situaciones calamitosas, resaltando empero la detección de grandes desigualdades respecto de otros sumidos en la vulnerabilidad.
En ese sentido, sugirió que el servicio no provenga únicamente del ámbito central, por no ser ni funcional ni sostenible, además de que gobierno y medios de comunicación trabajen por la cultura de la prevención, como ya se tiene dicho.
Por lo visto, tampoco escapó a la observación de los visitantes, más allá de las carencias estructurales anotadas, la forma de distribución de la cooperación extranjera a los damnificados de las riadas en el oriente del territorio, signada hasta por los menudos intereses políticos, a contramano tanto del gesto de buena voluntad de gobiernos e instituciones del exterior, cuanto del interés y las necesidades de los sectores a los que estaba destinada.
Suficiente razón ésta para que las autoridades correspondientes tomen cartas en el asunto, auspiciando campañas encaminadas a concienciar a sus dependientes y al pueblo en general sobre la necesidad de anticiparse a los desastres naturales; creando los mecanismos para contrarrestarlos allí donde se registren o reforzando los que poco se hacen sentir por sus limitaciones, e instando al adecuado reparto de las partidas de alimentos y vituallas que llegan gracias a la solidaridad de la comunidad internacional.
Una tarea, en fin, de la que nadie debiera excusarse por el bien de todos.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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