Los políticos tradicionales institucionalizaron delitos, pero los políticos del cambio poco avanzaron en erradicar la corrupción.
Entre los mecanismos de corrupción en esferas de la administración pública se pueden anotar varias. En el pasado los pactos de gobernabilidad, en su etapa más degradante dieron paso a una serie de hechos delictivos que fueron adoptados como algo normal, o sea, que formaban parte de aquellos acuerdos que permitían complicidades mutuas entre los partidos políticos pactantes y que fueron refrendados por los jefes políticos de los denominados partidos tradicionales del neoliberalismo.
Los cargos de la administración pública se los distribuía de acuerdo a las cuotas de poder pactadas con antelación, pero en esa misma senda del parcelamiento del poder político surgieron otras formas de corrupción y de indignidad del cargo público. Las recomendaciones para un pariente o un militante, no estaban exentas de la prebenda, pues el recomendado una vez en ejercicio del cargo o daba el primer sueldo al patrocinante o entregaba un porcentaje del mismo durante el tiempo que dure el trabajo.
Los poderes para el cobro de salarios en el Congreso fueron una cosa común, al igual que el nepotismo, los sueldos fantasmas, falsificaciones, y los prestamistas de dinero que entregaban dinero a funcionarios y diputados para cobrar sus deudas y con un poder autorizaban el descuento de sus sueldos por la deuda y el interés.
Ahora se conoce, que muy poco han hecho los políticos del cambio para limpiar esas taras, pues desde el 2006 cuando las autoridades del Congreso anunciaron la desaparición de los poderes, dejaron las cosas igual.
En este tráfico de pegas, por el contrario, han surgido innovadoras fórmulas de la corrupción con los avales que cobran por un cargo o con la lista enunciada líneas arribas.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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