Carlos Valverde está obsesionado con las putas. Un colega periodista me asegura que, hasta que se aburrió de seguir contando, Valverde había dicho por lo menos 61 veces las frases “ir de putas”, “salir de putas” o, simplemente, “putas” en cinco ediciones sucesivas de su programa. Sí. Más que un conductor de un programa de televisión parecía un exaltado predicador religioso. Nunca habíamos visto tal obsesión con la prostitución como la de este animador de Tv.
Al referirse con tanta insistencia a “putas” y “farra con el dinero de los bolivianos”, con relación al curso sobre petróleo de un grupo de técnicos de YPFB en Cuba, Valverde opacó la explicación que él mismo hizo sobre el tema de fondo y sus referencias a la inutilidad del viaje, el daño económico al Estado, los contratos mal redactados. Eso es lo malo de redundar tanto, de girar hasta el hartazgo sobre el mismo tema.
Lo que ha cometido Valverde —ventilando de manera tan persistente el asunto de las fotos de esos técnicos aparecidas en ciertos medios— es una falta ética grave. En otros países él obtendría una importante sanción moral. Un elemento básico de los manuales de ética de quienes tienen acceso a los medios —periodistas, productores o, como en su caso, conductores— es no referirse a la vida privada de las personas. Si los asistentes al curso en Cuba salieron o no en la noche a buscar compañía, no es asunto que deba ventilarse en los medios. Todo ser humano tiene derecho a la privacidad excepto que sus actos impliquen un delito. Y en este caso, salir después del curso a tomar unos tragos —o realizar otras actividades de esparcimiento— no lo es. Ni siquiera es algo antiético. El conductor de Tv ha dicho que “estos señores se fueron de putas con la plata de los bolivianos”, asegurando que pagaron esos presuntos servicios con dinero del TGN. Afirmar una temeridad así debería realmente ser sancionado. ¿Cómo sabe él con qué plata pagó cada quién algo de lo que ni siquiera estamos seguros? ¿Los siguió hasta la habitación del presunto burdel y fue testigo de los supuestos hechos? Valverde ha traspasado todos los límites que la decencia le impone a una persona que tiene un acceso privilegiado a un medio de comunicación.
No sólo eso. También violó los códigos éticos al señalar, primero, que “mostraría” las fotos de los asistentes en prostíbulos y luego, “que no las mostraría”. También dijo algo así como: “Veremos si algunos se divorcian si se muestran las fotos”. Eso podría ser entendido como chantaje, amenaza y amedrentamiento. ¿Lo hizo para que los supuestos implicados le teman? En tal caso, eso es lo peor que se puede hacer cuando uno tiene un espacio en un programa de televisión.
Finalmente, Valverde dijo también que, cuando él viaja invitado por alguna institución, “lleva sus propios centavos” para sus gastos personales. Pero recientemente, Valverde, mi persona y una decena de periodistas fuimos invitados por la Prefectura tarijeña a visitar ese departamento y recibir una explicación sobre los planes locales de desarrollo. En las noches nos íbamos a tomar unas cervezas y las cuentas las pagaba la Prefectura. Así que, siguiendo su misma lógica, se podría decir que “Valverde se fue de farra con el dinero de los bolivianos”. Lo mismo que ha criticado implacablemente.
Raúl Peñaranda U. * es Periodista y comunicador
raulpenaranda99@yahoo.com
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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