Los industriales bolivianos han logrado abrir nichos para la comercialización de sus productos en el extranjero pese al conjunto de las dificultades que se ven obligados a confrontar.
Motivo de inquietud, análisis y revisión o, en su caso, enmienda de la política comercial por parte del gobierno, debiera ser el hecho de que las exportaciones de la manufactura nacional; es decir, la que genera fuentes de empleo y da valor agregado a la producción, hubiese sumado el menor porcentaje en términos de ingreso de divisas y crecimiento la pasada gestión, bastante lejos de los rubros correspondientes a los hidrocarburos y la minería, según los reportes del sector exportador.
El fenómeno ocurre cuando naciones vecinas como Chile y Perú experimentan, en cambio, un notable incremento en sus exportaciones industriales, aprovechado la coyuntura que ofrece el mercado internacional, al punto que la administración socialista de la presidenta Michelle Bachelet y sus antecesores, está empeñada en hacer de su país una suerte de plataforma para la concentración y despacho de la producción del área hacia los gigantescos centros de consumo del Asia, en una modalidad que comprendería a Bolivia, de acuerdo con recientes negociaciones de carácter privado, de las que sin embargo no se ha hablado más.
Para los exportadores, la situación de virtual estancamiento es fruto tanto de la desatención oficial para con su realidad y perspectivas, cuanto de su inclinación por los acuerdos no tradicionales de intercambio de mercancías, en obvia alusión al Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) y la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), iniciativas de los presidentes Evo Morales y Hugo Chávez, respectivamente, a las que se sumaron sus pares de Cuba, Ecuador y Nicaragua, sin que empero hubieran significado nada favorable para Bolivia, hasta ahora, sino todo lo contrario, si se toma nota de las restricciones de Venezuela a la importación de productos agrícolas del oriente, como de la inexistencia de ventas de manufactura doméstica a Cuba.
A ello habría que agregar las consecuencias del fenómeno atmosférico de El Niño, que gravitarán negativamente en el futuro de la agroindustria de los llanos, como lo haría en los establecimientos manufactureros del centro y el altiplano del territorio la no extensión de las preferencias arancelarias de los Estados Unidos a la región andina, incluida la nuestra, desde luego; cuestión que no está definida aun.
En este escenario, sin embargo, resultan alentadores los esfuerzos de los industriales bolivianos, que pese al conjunto de las dificultades que se ven obligados a confrontar, han logrado abrir nichos para la comercialización en el extranjero de textiles, cueros, orfebrería, maderas, artesanías, soya, café y quinua, por mencionar los principales ítems que permiten proporcionar trabajo y valorizar lo que se produce en el país, tarea que sólo se ampliará y consolidará si es que cuenta con el concurso de las autoridades responsables del manejo de la economía y su desarrollo en el mundo competitivo de hoy.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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