Desde el sábado dejó de volar, quebraron sus alas el negociado y la corrupción. . .
El LAB llega a su final anunciado, pese a ciertos esfuerzos efectuados, ¿y otros no cumplidos, debido a que no fueron convincentes, porque ya estaba técnicamente quebrado hace algún tiempo, cuyos ejecutivos y trabajadores no aceptaban inexplicablemente, a la espera de algún milagro que no llegó. Cómo revertir su abultado pasivo, era la interrogante mayor, porque con ese capital era mejor impulsar otra empresa, sin carga onerosa inicial. ¿Quién habría de invertir en esas condiciones? Si lo hacía el Estado, se habría calificado, y con suficiente argumento, como un mal negocio, salvando a los propietarios privados no precisados, luego del mayor despilfarro, que no concluyó en su mayor crisis económica, sino el viernes por la noche, cuando la Superintendencia de Transportes cesó sus operaciones porque, hasta entonces, sus esforzados ejecutivos percibían sueldos equivalentes a los 10 mil dólares, sin tomar en cuenta la anemia económica de la empresa, mientras se estafaba a centenas de compatriotas nuestros, que pretendían, no sin esfuerzo, llegar a Europa para un porvenir mejor, aprovechando el escaso margen que se tenía para ingresar sin el visado, el que entró en vigencia ayer.
El Lloyd Aéreo Boliviano, creado por residentes alemanes en homenaje al centenario de la fundación de la República, tenía por objetivo integrar al país, que en gran medida consiguió, especialmente la vez que no se tenían carreteras, con el oriente norte, por ejemplo, donde sólo era posible llegar por vía lacustre. Se convirtió en la empresa aérea comercial más antigua de Sudamérica, con un índice excepcionalmente bajo de percances, ninguno de magnitud en la era del jet, que se inició en 1969. Quienes estuvieron bajo su mando, en varios momentos de su existencia, manejaron sin reparar en gas-tos, contribuyendo al incremento del déficit sin ninguna preocupación, habiéndosela vendido en una suma irrisoria bajo la denominación de capitalización que ideó Sánchez de Lozada, convirtiéndose en el mejor ejemplo de su fracaso. Sin propietarios debidamente acreditados, sus finanzas fueron depauperándose en medio de mentiras sobre su recuperación, con anuncios falsos acerca del crecimiento de su flota de aviones, que en su agonía tuvo que recurrir al alquiler de aviones en desuso.
El desastre relatado tiene culpables y éstos deberán responder de lo ocurrido. Varios de ellos, en un intento de despojarse del bulto, hacen declaraciones o escriben artículos sobre los desaciertos cometidos, lanzando sugerencias a destiempo sobre lo que debía hacerse; ¿por qué no se hizo? Si fue negligencia ajena, podría entenderse, luego de su debida demostración, aunque es improbable que así haya sido. Varios directores participaron, especialmente en los últimos directorios, seducidos por la elevada dieta, sin aportar nada, y probablemente limitándose a apoyar lo que querían sus mandantes, aquellos que los llevaron para cumplir un fin, que nunca fue para bien de la empresa.
La inminente extinción del LAB tendrá su efecto en la región. Sucumbe la última empresa regional de importancia nacional. Estaba vinculada con Cochabamba, hasta se decía, al pedir socorro, que era su patrimonio. Alguna autoridad, que pretendía abanderizar su sobre-vivencia para sacar ventaja política, había sugerido una contribución económica ciudadana para saldar su deuda; no tuvo eco, porque muchos sólo habrían visto sus aviones volar, sin poder abordar ni para su primera experiencia. Y no era justo, porque hay gente que desde dentro trabajó en contra, le sacó beneficios para después mudarse. ¿Quiénes fueron realmente sus dueños? Quizá nunca lo sepamos, pero quedará en el recuerdo como uno de los grandes desengaños.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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