El Deber Abril 02, 2007



De este corazón voy a entregarte la mitad. . .


Y de tanto amor yo voy a darte la mitad... Tanto prometer y no has de dar ni la mitad...”, dice la letra de una canción romántica interpretada por María Martha Serra Lima, que refleja el sentimiento de una persona enamorada que ha entregado todo y ha sido defraudada: “...Te voy a creer de lo que digas la mitad...”

¿Ha notado que la relación entre líderes y pueblo es una novela de amor apasionada y violenta donde aparecen hasta los sinuosos escándalos que dejan correr rumores para decepcionar y separar a los enamorados? Y si acaso faltara más drama, ahí están los accidentes con mucha sangre, violaciones a niñas, nalgas infladas y desinfladas, todo en noticiarios convertidos en telenovelas para que el ciudadano “se mantenga informado”; en realidad para que el ciudadano se mantenga permanentemente atontado.

También aparecen en escena ‘los analistas’, que lo oscurecen todo en lugar de esclarecerlo.

Los amados acicalados y bellos reciben de sus asesores un ‘discurso espejo’, una declaración de amor que expresa exactamente lo que el ciudadano ansía: combatir al culpable de todo (al centralista, al autonomista, al derechista, al izquierdista, al oligarca, al indígena, según la ocasión) y ése es el momento culminante en el que el amante-pueblo (el que ama y lo da todo) cae rendido a los pies del amado-líder (el que se deja amar), y como sucede en los culebrones, después viene el desencanto, aparece ‘la otra’ o ‘el otro’, los amigotes, el despilfarro, la indiferencia, el abandono..., y los opositores-despechados de turno sentencian a coro y en estéreo: “Cada pueblo tiene el Gobierno que se merece”.

¿Qué Gobierno merecemos nosotros que entregamos alma, corazón y vida con una ingenuidad y candidez sólo comparable con las épocas en que los conquistadores de América sometían a los originarios con espejitos y collares? ¿Hasta qué punto afecta a la democracia la toma de decisiones bajo los efectos del amor pasional que nos priva de todo razonamiento y cordura?

La novela ‘La guerra por el amor del pueblo entre emergentes y tradicionales, centralistas y autonomistas, ricos y pobres, que también lloran’, relata la vida de un pueblo enamorado ‘patas y todo’, amor demencial y amnésico hacia quienes por pelear se han olvidado de pensar, y cuando no pelean, urden estrategias para eternizar su poder: ¡el poder es el objeto de amor, ya no el pueblo! Así se van con millones a Estados Unidos o de paseo institucional a Flandes o Cuba, ¡y que viva la revolución o ‘living’ la vida loca!

¿Cómo sería una sociedad ideal? ¿En qué valores debería estar basada? ¿Cooperación o competencia? ¿Compartir o acumular? ¿Cómo llegar a construir una casa sin ciudadanos de quinto patio o con quinto patio igual o mejor que el primero? ¿Cómo construir un país si cada cual quiere tener su propio país, su propia Constitución, su reino, sus propias leyes, su propio botín?

Tendríamos que definirlo para no vivir con el corazón partido.

* verde@cotas.com.bo


Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia

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