Las clases medias están de moda. Suenan y resuenan. Se les dedica columnas, artículos, reportajes y alocuciones. La oposición las nombra, también el gobierno. Y la propia clase media se piensa a sí misma en el nuevo contexto. ¿A qué se debe que se esté levantando su nombre por las cuatro esquinas? En el centro de todo se encuentra el gobierno de Evo Morales moviendo remolinos.
Primer apunte. Las clases altas se escudan en las clases medias: fungen de ventrílocuas. No hablan a nombre propio, usan a las medias como comodín. Todas sus filias y fobias se las traspasan. Es llamativo cómo existe un ocultamiento de la clase alta: no dice esta boca es mía, ni este negocio, ni esta tierrita. Nada de nada. Pero está presente, encubierta en la clase media. Se trata de su caballo de Troya. Así que cuando hablamos de la "clase media" vayamos con calma: en esa orfebrería verbal pueden estar metidos intereses ajenos. En términos clásicos, diríamos que no se trata de una clase en sí, sino para la clase alta -diferenciarlas es clave para separar el oficinista del banquero.
Segundo apunte. La clase media frente al actual proceso: los hay quienes lo ven con distancia, lo apoya y lo critican. No se trata de una postura monolítica, más bien existen distintos ramales. ¿Quiénes lo critican? La regla: todos aquellos que tuvieron relación con la anterior estructura política (MNR, MIR, ADN y afines), y la excepción: quienes tienen severas observaciones sobre la conducta del MAS y el gobierno. O sea, intereses y visiones afectados. Lo segundo es atendible, lo primero es irreparable, pues salieron de la circulación de las esferas del Estado. Lo trágico de su situación: miran a la oposición y tampoco los convence. Sin alternativa viable en el horizonte, sufren el proceso, les agobia la coyuntura. Esperan y desesperan. ¿Quiénes lo apoyan? La regla: quienes nada tuvieron que ver con el anterior ciclo político, perciben su cierre definitivo y quieren alentar una nueva sociedad inclusiva y equitativa. Democrática en el sentido pleno de la palabra: reconocen que las cosas se hicieron mal y apuestan por cambiarlas para mejor. La excepción: oportunistas que encuentran la rendija para colarse en la nueva estructura o se encuentran buscándola como el hilo de Ariadna. ¿Cómo miran la oposición? La rémora del pasado, el dique de contención. La defensa de los intereses de las clases altas. ¿Y quiénes mantienen distancia? Mantienen distancia tanto con el gobierno como con la oposición. Ninguna resulta siendo de su agrado: el gobierno las intimida por su carga (sentida como) demasiadamente indianista y la oposición las decepciona por su minimalismo político carente de visión y proyección. Le van haciendo seguimiento a una como a otra, día a día, a través de las noticias. Su sentimiento no es de pesimismo ni de optimismo, sino se instalan en una zona grisácea. Se sumergen en el espacio de lo íntimo buscando en sus cuatro paredes su propio El Dorado; pero las calles y los medios masivos están demasiado agitados para permitirle conciliar dulces sueños.
¿Y el gobierno y la oposición miran en dirección de la clase media? Para el primero no es su norte, lo son las clases populares e indígenas. A ellas se debe. Incuban dentro del fondo de su alma. Las clases medias sólo representan una cifra electoral y el eco de la opinión pública. Pero nada más. ¿Y para la oposición? Lo dicho: el escudo de batalla en la defensa de los intereses de las clases altas. Y también un nicho electoral, un mercado de votos. Y pare de contar.
Conclusión: las clases medias están siendo sentidas, consentidas y pensadas a medias. Para los demás, salvo para ellas mismas, son apoyo, complemento, circunstancia, el coro de la escena, no el protagonista del drama.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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