El drama del Lloyd Aéreo Boliviano trasciende los límites patrios, inclusive dañando la imagen del país. . .
La imagen de Bolivia, con la quiebra no declarada del LAB, no debe ser buena, al menos sin explicación. Su desastre final no es atribuible al Gobierno, sino a quienes entregaron al capital brasileño, pretextando una supuesta capitalización que, en los hechos, fue una descapitalización (otros atribuyen al modelo económico neoliberal), cuya destrucción se vio a poco de la nueva administración, cuando se nos dijo que, bajo ese diseño, tendríamos un LAB duplicado, que no se cumplió. El efecto fue inverso, se achicó. Su patrimonio fue mermando con supuestos ajustes administrativos, con un tratamiento menos complaciente para cierta jerarquía de esa empresa, vaciando su stock de repuestos, base de su ponderada seguridad.
La administración que sustituyó al brasileño Cahñedo no benefició en nada, pese a los esfuerzos que Asbún parecía efectuar. Hubo anuncio de in-cremento de su flota de aviones, en teoría hasta con 20 unidades, en algún momento, que no se veía en la realidad, porque los vuelos de itinerario estaban frecuentemente fuera de hora, con un descontrol al filo de la jornada. Los insistentes anuncios de sus autoridades eran alentadores, casi siempre se dijo que el LAB salía de su crisis, sin dejar de reconocer que se confrontaban dificultades. Había cierto grado de credibilidad, al menos se aceptaba cuanto decía su Presidente. Hace unos años, cuando hubo sospechas de algo irregular en dicha empresa, la preocupación parlamentaria fue replicada drásticamente por sus ejecutivos, vinculando todo intento de investigación a intereses políticos. Sus parlamentarios, porque tuvo, se encargaron de la pelea en el Congreso, sin dejar de repetir que había intereses oscuros que deseaban perjudicar al LAB. Los hechos posteriores de-mostraron que fue sólo una manera de evitar que sea descubierta la realidad económica de la empresa, la que no pudo revertirse, culminando con la fuga de su Presidente y el inmediato derrumbe de su ya debilitada economía.
El Gobierno, por un fallo constitucional, tuvo que levantar su intervención, en su intento de pretender salvar al LAB. Si persistía, sin observar ciertos cuidados, en este momento el Estado habría asumido la deuda que terminó estrangulando al Lloyd Aéreo Boliviano. A nadie, en su sano juicio, puede ocurrirsele que el Gobierno se subrogue su deuda, porque en cuyo caso, aunque no parezca razonable a los trabajadores afectados por la quiebra, revivirla sería económicamente inaconsejable, correspondiendo su extinción lógica. Sobre sus escombros podría levantarse una nueva empresa, adquiriendo los bienes que le quedan, con cuyos dineros se buscaría proteger esencialmente los beneficios sociales de los trabajadores.
En lo que respecta los centenares de pasajeros afectados, varados en distintos aeropuertos, el Gobierno debe ver la forma de resolver, con auxilio de países amigos, a cuenta de una futura adquisición de los bienes que podrían servir a la nueva empresa que no se descarta.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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