El Gobierno debe tener en cuenta que la democracia es un sistema donde se comparte las responsabilidades y el poder. Y en esa línea el rol de los delegados presidenciales, si es que éstos son realmente necesarios, debe enmarcarse en el respeto de las autoridades elegidas a nivel departamental
La designación de los delegados presidenciales en las prefecturas de ocho departamentos, a excepción de La Paz, podría convertirse en otra fuente de conflicto para el gobierno del presidente Evo Morales. La decisión, como era de esperarse, está siendo resistida con más intensidad por los prefectos que no son afines al oficialismo, puesto que esas figuras podrían generar un poder político regional paralelo al gobierno departamental.
No dejan de tener razón, en ese sentido, los prefectos de los departamentos que han cuestionado la figura de los delegados presidenciales, los mismos que además de ejercer funciones estrictamente políticas podrían terminar convirtiéndose en una suerte de piedra en el zapato de las gestiones prefecturales.
Según el presidente Evo Morales, los delegados se encargarán de coordinar acciones logísticas destinadas a preparar sus visitas a los distintos departamentos y a lograr acercamientos con las autoridades regionales con la finalidad de coordinar mejor las acciones de gobierno.
Para quienes no aprueban esa determinación, en cambio, los delegados presidenciales en los departamentos tendrían como principal misión allanar el camino para una probable reelección de Evo Morales, quien anunció en pasados días la posibilidad de adelantar las elecciones generales el próximo año.
Pese a las dudas legales que genera la designación de los delegados, la decisión ya ha sido tomada por el Gobierno y sólo queda observar, en los próximos días, el trabajo de éstos en sus respetivos departamentos.
Lo cierto es que, en un contexto evidente de confrontación regional y de fricciones entre sectores populares contra algunos segmentos urbanos, los delegados podrían entorpecer aún más el frágil equilibrio de fuerzas en regiones donde la hegemonía masista no es firme, tal el caso de los departamentos de la denominada Media Luna.
De la profesionalidad y del sentido de la oportunidad de los delegados presidenciales dependerá que su labor sea complementaria antes que motivo de conflicto y tensión.
Es importante recordar que la descentralización del poder se presenta como una tendencia clara en el país, por el bien de la ciudadanía que con este sistema puede encontrar respuestas rápidas a sus necesidades colectivas. En ese sentido, el Gobierno debe tener en cuenta que la democracia es un sistema donde se comparte las responsabilidades y el poder. Y en esa línea el rol de los delegados presidenciales, si es que éstos son realmente necesarios, debe enmarcarse en el respeto de las autoridades elegidas a nivel departamental.
En conclusión no se trata de tensar aún más la cuerda que nos une como país, sino de encontrar los mecanismos que hagan posible el ideal de la convivencia pacífica entre ciudadanos y ciudadanas iguales pero con pensamientos y rasgos distintos que deben respetarse en el marco de la pluralidad.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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