La más elemental prudencia le aconseja poner en ejecución medidas eficaces contra el referido tipo de corrupción. Lo primero que debe hacer es parar en seco el furibundo brote peguista de las bases del MAS. Así acabará con el ominoso tráfico de los "avales", convertidos en poco menos que "pase libre" a la corrupción de cero estrellas
Con el mote de "lunarejo", en lenguaje popular, se alude a quien luce pecas negras en la piel. En sitios adecuados del rostro, tales puntos circulares resaltan el encanto femenino. La célebre actriz mexicana María Félix, tenía uno en la mejilla izquierda que junto al detalle de la ceja arqueada y los ojos resplandecientes, estampaba en sus facciones una expresión que a la vez seducía e intimidaba.
Hay lunares que afean, como las máculas en la nariz o la frente, de las que no se salvan ni hombres ni mujeres. Los hay que también inspiran terror, como aquellos que motean la piel del leopardo, un depredador implacable y capaz inclusive, de devorarse vivo a un ser humano.
Pero hay lunares (son los que estropean la piel ética de la política y los políticos) que tras la percepción ocular provocan en la gente una explosión de bronca y asco. Este reventón conduce a muchos a la irracionalidad inherente a una injusta generalización. No hacen diferencias entre moros y cristianos. Creen que todos, absolutamente todos los políticos, particularmente aquellos que ejercieron o ejercen cargos o funciones públicas, son "overos" o pecosos a más no poder. Es decir, corruptos.
Por mucho que no se comulgue con el MAS y su visión de país, así como con su táctica y estrategia para la hegemonía política total, debemos admitir que los últimos escándalos de corrupción, como observara el Vicepresidente Constitucional de la República, ("son solo algunos lunarcitos", dijo) no comprometen la imagen global del gobierno. Casi todas las denuncias se refieren a casos de corrupción de cuantía menor, que siempre se dio en el país, aunque hoy, por causa de varios factores, ella acredita mayor recurrencia y magnitud. El desempleo, entre otros, induce a cierta gente a formar parte de redes de tramitadores de esto y aquello, redes en las que quedan atrapados funcionarios de jerarquía inferior y que en las colas frente a las ventanillas de atención al público se abren paso a golpe de coimas.
De lo que sí se puede acusar al régimen que nos gobierna es del manejo ineficiente y caótico de temas cruciales de la agenda nacional. El caso de los contratos con las transnacionales del gas y el petróleo es un ejemplo conspicuo en tal sentido, Pero inexperiencia e incapacidad es una cosa y corrupción otra muy distinta.
El gobierno, sin embargo, por mucho que se esfuerce, no podrá evitar que la gente cometa la injusticia de atribuirle la etiología de los "lunarcitos" a los que se refiriera el Vicepresidente de la República. Son múltiples los indicios de que en la bronca da lugar ya a trastornos en la percepción visual de muchos bolivianos. Empiezan a ver también en la cara de los que gobiernan las manchitas connotativas de corruptela. Hoy, igual que en el pasado, los justos, que son los más, cargan con la culpa de los pecadores, que son los menos.
Lo grave es que hasta ahora al gobierno no se le advierte señal alguna de estar dispuesto a oponer un plan idóneo de preservación de imagen al desgaste de credibilidad y prestigio que le provoca lo precedentemente señalado. La más elemental prudencia le aconseja poner en ejecución medidas eficaces contra el referido tipo de corrupción. Lo primero que debe hacer es parar en seco el furibundo brote peguista de las bases del MAS. Así acabará con el ominoso tráfico de los "avales", convertidos en poco menos que "pase libre" a la corrupción de cero estrellas. No le bastarán las sanciones dispuestas por el estatuto del partido ni los respectivos juicios criminales. Le será necesario un retorno efectivo a la institucionalización de la función pública, pero en términos mucho más duros y acelerados que los que ella tuvo en el pasado inmediato.
De lo contrario, el peguismo de su militancia, respecto a popularidad e imagen, terminará empujando al MAS al precipicio.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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