Opinión Abril 06, 2007



En la paradoja de la perfección, Jesús nos salvó de nosotros mismos


Volver a reproducir la crucifixión, no es para descubrir el dolor como medio de redención, sino como parte del reencuentro con la esencia. Siendo ya lo que somos, hijos de Dios, nos damos en plenitud, más allá de las parcialidades impuestas por el desgaste de la búsqueda. Todo está en nosotros, en las posibilidades de esa inmensa potencialidad, no hay nada que nos sea ajeno.

Seguir repitiendo los mismos conceptos acerca de la significación de esta fecha, puede ser útil, pero quedarse sólo en la formulación retórica resultaría no sólo una conducta farisaica, sino una burla respecto de nuestras propias creencias. Lo que debemos hacer, lo que debíamos haber hecho desde siempre, es señalar, con claridad y firmeza, el comportamiento humano leal al Sacrificio del Redentor. La redención de la humanidad depende de su propia conducta.

El cristianismo, aun en sus versiones menos completas, descubre la dimensión trascendente del ser humano y señala el rumbo para alcanzar la perfección en el reencuentro con la esencia. Siendo prolongación del Creador, la plenitud emana radiante, del mismo ser dado totalmente. En cada persona existen todas las posibilidades. Tan amplia y admirable potencialidad viene de Él, lo demás está en cada criatura que da y recibe conforme a la dimensión de lo que hace o deja de hacer. Jesucristo vino para decirnos que el nivel final a que llegamos corresponde a nuestros actos.

¿En qué consiste ser cristiano en este tiempo? En vivir conforme a lo que dijo Jesús. La afirmación parece un culto a la individualidad porque no dice nada de los demás. Y quizá ésta sea la parte fundamental de la doctrina. Que el destino de la sociedad, de todas las personas no dependa de acciones colectivas en las que, no es posible evitar las diferencias y los desniveles, sino de cada ser que representa a los demás. Si todos se asumen como iguales y cumplen las obligaciones de semejante afirmación, la totalidad tiene esa composición.

Entonces la proyección cristiana supone la perfección. En la perfección está la igualdad, la justicia, la solidaridad. Las declinaciones debilitan el concepto central, pero no hay otra forma de expresar la idea del ser humano como parte de la divinidad. ¿Qué sentido tendrían las cosas o los problemas derivados de las relaciones sociales si fuéramos perfectos? En la armonía y el equilibrio, todos disfrutarían de las condiciones establecidas en la lógica de ese nivel superior. Las acumulaciones egoístas que sobrepasen ese límite ya no servirían de nada.

Falta decir algo importante, la redención no es un sacrificio, tampoco una sanción, sino un descubrimiento y un encuentro. Es el momento en que tomamos lo que nos ha sido dado como parte de nuestra integridad, como lo que somos. La paz, el amor y la alegría se dan, siendo uno y al mismo tiempo el conjunto. Libres de las impurezas generadas por el desgaste de la búsqueda estamos en todos, compartimos lo bueno y lo malo. Pero y felizmente en esa conjunción, desaparecen las dicotomías. En vez de dolor o de sacrificio se produce el inmenso placer de volver al principio, donde estuvimos siempre sin tomar conciencia de esa verdad que otra vez también concluye en nosotros. Las cualidades de que podemos hablar, son posibles sólo en el ser humano, creado por Dios.

OPINIONES DE LA GENTE

¿Cuál cree usted, desde su punto de vista, que es el significado de la pasión de Cristo y la conmemoración de estos días?

Guido Camacho

Ex prefecto de Cochabamba

Semana Santa, cuando conmemoramos la vida, pasión y muerte de Jesucristo, es una fecha que nos debe llamar al recogimiento espiritual y pensar en el futuro de nuestros hijos y procurarles una enseñanza cristiana con solidaridad.

Debemos pensar en el bien común, hay que aprovechar estas horas para analizar nuestra vida y si estamos actuando mal, corregir los errores para no causar daño, porque esas enseñanzas nos dejó Cristo.

René Castellón

Dirigente cívico de Quintanilla

En la Semana Santa tenemos un espacio para reflexionar sobre todo lo que estamos haciendo en nuestras vidas, en la familia y también nos permite meditar sobre las enseñanzas que Cristo nos dejó al morir en la cruz. Al hablar de la pasión de Cristo, podemos decir que ese ejemplo debe ser imitado en cada uno de nuestros actos, por lo tanto, si estamos cometiendo alguna falta debemos cambiar de actitud.

Roberto Requena

Concejal municipal

Dios Padre nos dio a su hijo único Jesucristo para que muera en la cruz y de esa forma salve al mundo del pecado. En la Semana Santa, debemos reflexionar y meditar profundamente para que nuestros actos sean mejores cada día, sobre todo, pensando en nuestras familias y en nuestros seres queridos. Debemos tomar conciencia de todo lo que soportó por el amor que tuvo a la humanidad, es algo que no debemos olvidar.


Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia

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