Los Tiempos Abril 06, 2007



Colegio de comunicadores: Vida, pasión y muerte de Juan Cutipa


Durante le fin de semana, la fe cristiana se moviliza en espacios de regocijo espiritual individual y colectivo. Se conmemora el acto de amor de cristo en la cruz para la liberación de nuestros pecados. Sin embargo, dos milenios después nuevamente Cristo carga la cruz, recomienza el calvario, es crucificado y también resucita, cada día, en cada uno/a de nosotros/as.

La pasión de Cristo se viste de pueblo cada Semana Santa, de muchas formas y en muchos lugares. Todavía recuerdo la época en que la reflexión acerca de la vida y pasión de Cristo obligaba a medios de comunicación a limitar su transmisión a cantos gregorianos, boleros de caballería y música clásica. En los últimos años se ha advertido un relajamiento de las prácticas y rituales costumbristas. La explicación está en la cultura boliviana.

Como sabemos Bolivia es una espacio policultural, de múltiples escenarios, en los que conviven diversas culturas, y desde a diversas manifestaciones de fe, diversas opciones confesionales. Incluso en espacios formales como las iglesias del cristianismo las prácticas que parten de similares principios cobran matices particulares. Tan particulares que el significado de los rituales adquiere sentidos diversos. La ciudad habla por medio de las cosas que en ella hacen las sociedades. La ciudad me dice que en torno a la semana santa se han resignificado muchos acontecimientos. Por ejemplo la visita a los doce templos que tradicionalmente nos invitaba a reflexionar sobre el impacto de Jesús en los doce apóstoles ahora se ha convertido en un espacio juvenil ideal para el buen "chekeo". Grupos de amigos y amigas se dan al ritual del cortejeo y el coqueteo. En las concurridas calles del centro de la ciudad posan frente a cámaras digitales alegres generaciones que parecen vivir la fe desde distintos esquemas de valores, las chicas esquivando piropos y los chicos ingeniando estrategias de galanteo.

Han quedado distantes las otras formas de apropiación del mensaje cristiano, como el hecho de hacer propio el dolor de Cristo en nuestra carne. Recuerdo un ejemplo de comunión cristiana en la cantata para guitarra del tupiceño Alfredo Domínguez, quien comenzaba su obra musical recreando el nacimiento del niño Jesús, esta vez ataviado con trajes andinos, con madre y padre indígenas. El genio creativo bautizó su obra como "Vida, Pasión y Muerte de Juan Cutipa" y en la contratapa del disco afirmaba que Juan Cutipa podía ser un pedacito de Bolivia, un pedacito de todos nosotros, un boliviano más, un pedacito de Jesús.

La obra nos muestra a un ser sensible tan humano como cualquiera, tan humano y tan cristiano que hace una entrega total de su vida por la vida de otros. Juan Cutipa muere de tuberculosis en una mina andina, muere tosiendo, expulsando el pulmón manchado de polvo. El cristiano que de verdad asume el compromiso de morir por los demás, porque ser cristiano significa eso, vivir como Cristo, es decir muriendo por amor a los demás, no necesita expresar la fe en rituales ostentosos de manifiesto público de la fe. El cristiano de Cristo trabaja en silencio, sin publicidad, sin flashes, sin manifestaciones que eliminen el margen de la incertidumbre. El cristiano del silencio no confunde caridad con pena, el cristiano del silencio reconoce los derechos del otro, comulga con el prójimo con la misma honestidad con la que comulga en el templo, muere como Cutipa, como Jesús, trabajando. La muerte de Cristo es un acto de comunión entre él y nuestro pueblo. La Semana Santa es una ocasión par la reflexión, no para el qué dirán, no mide la fe, es una celebración pedagógica. La pasión de Cristo es cotidiana. Las muertes y las resurrecciones de Cristo ocurren en silencio, en cada momento, ante la pasiva mirada de quienes han hecho de la fe un ritual de tradiciones sin crítica, sin compromiso.


Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia

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