A partir de esta columna intentaré integrar las realidades y diferencias de las dos Bolivias del que hablan todos los expertos y analistas de las coyunturas y cambios que se registra en el orden económico, político, social y cultural de la sociedad. Pero, esta integración será exclusivamente en el ámbito educativo y para ser más específico dentro del ámbito rural y urbano; provincia, ciudad o como se clasifica en el lenguaje educativo, unidades educativas del área concentrada y dispersa.
Para comenzar haré referencia a la esperanza que tuve en la Ley de la Reforma Educativa que, como concepción de cambio en busca de la calidad educativa para transformar las estructuras culturales de la sociedad, sostiene un valor relevante. Su filosofía y la literatura sobre su estructuración, hacía soñar que el cambio estaba planteado.
Lo que no podemos comprender es qué pasó en la aplicación, por qué se dice que fracasó y ahora se pretende retroceder a una educación originaria, indigenista olvidándonos de la evolución de la que somos objeto en ciencia y tecnología que, día que pasa, nos deja en una desventaja abismal con nuestros similares del continente.
Creo que hasta ahora, el factor que dificulta las trasformaciones y los cambios emulados por pensadores, intelectuales y estudiosos en el tema, es el factor humano, es la persona, es el educador que coyunturalmente asume el rol de transformar, sea ésta, por mérito en un porcentaje casi ínfimo y una gran mayoría por encargo e influencia político-partidaria o nepotismo. He ahí el origen de las equivocaciones. No se visualiza en ámbitos de poder el recurso humano preparado, formado, comprometido para transformar las estructuras educativas. Lo que sí observamos es un recurso humano politizado, resentido y sectario.
En contra posición a esta percepción, existen recursos humanos independientes, si vale el término, bien formados, comprometidos con el país y su futuro, dentro el contexto educativo. Pero, lamentablemente, no son tomados en cuenta o sencillamente no hacen nada para hacer escuchar su voz y plantear sus ideas, paradigmas o proyectos. En consecuencia, somos todos los responsables de los fracasos o de los éxitos de la educación.
El proceso de educación y formación según la experiencia de la Reforma Educativa vigente aún, no ha logrado unificar la educación que se imparte a los alumnos en las unidades educativas del área desconcentrada (rural) con el área concentrada (urbana). Al igual que en la población citadina, en las provincias existen diferencias abismales en calidad, infraestructura, de ahí que clasificamos unidades educativas de primera, que serían los de convenio, de segunda los fiscales y de tercera los rurales. Frente a este panorama, cómo pretendemos hablar de calidad educativa, si existe esta marcada diferencia, que en vez de unir nos divide más.
Rescatar una pedagogía desde la realidad de los pueblos y sus habitantes parece que es el currículo oculto de la Reforma Educativa. Pero, ésta tuvo un error imperdonable, al pretender implantar un enfoque constructivista, sin un perfil definido del alumno boliviano que se pretende formar, cuando introduce un sistema en el proceso de Enseñanza y Aprendizaje (PEA) de un enfoque modular dividido en niveles, de aplicación y cumplimiento casi coercitivo, donde el profesor simplemente es un facilitador. Alejándole del rol histórico de formador, educador y mentor.
Hasta el momento se conoce que, para la aplicación de la Reforma Educativa, se cuenta con módulos editados y publicados para el primer y segundo ciclo y no existe material pedagógico oficial para los restantes ciclos. En resumen, ¿qué contenidos o planes se está impartiendo en el nivel secundario?
Un ejemplo didáctico para comprender lo descontextualizado que está el proceso. En comunidades donde no existe energía eléctrica se cuenta con televisor y filmadora o cuando la realidad creativa de los alumnos del campo es el trabajo con madera y greda, se introduce botellas plásticas y otros materiales ajenos a su realidad.
Para qué tanta lata, para hacer ver que estamos acostumbrados a iniciar procesos y proyectos educativos con bombos y sonajas y nos olvidamos de asegurar su cumplimiento y de evaluar sus resultados, mejor ni mencionar. Nuestra cultura es casi siempre la misma trabajamos a medias, nos conformamos con poco, no demostramos interés por la calidad, da lo mismo que aprendas bien o mal, igual el proceso continúa y el resultado es el sistema educativo que tenemos.
Toribio Rocabado Castro, * es educador, comunicador social y escritor.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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