Algo muy grave debió hacer (o decir) Carlos Valverde. Parece que la cosa fue tan grave que la radio Fides Potosí intentó entrevistarme sobre el tema y yo tuve que excusarme porque no tenía la más "puta" idea de lo que había pasado.
Ya después leí algunos artículos de opinión sobre el asunto y reforcé mi percepción inicial: Algo muy grave debió hacer el Carlitos para que tanta tinta haya corrido por su causa.
La verdad es que hasta ahora no sé qué "putas" pasó con Valverde. Cuando él aparece en televisión yo apenas lo veo de soslayo, a pasar por la redacción del periódico, porque es justo la hora en la que estoy "puteando" por lo que encuentro en las páginas sin editar de "El Potosí".
Sin embargo, la lectura del artículo titulado "La obsesión de Carlos Valverde", de Raúl Peñaranda, me dio algunas luces sobre el "puto" asunto. Al parecer, Carlitos "puteó" más de la cuenta en su programa televisivo sobre el viaje de unos técnicos de YPFB a Cuba y "emputó" a mucha gente. "Se fueron de putas", habría dicho el conductor de televisión y así provocó una polémica que vuelve a poner en tela de juicio el papel de los medios.
Raúl Peñaranda dice, y con sobrada razón, que "un elemento básico de los manuales de ética de quienes tienen acceso a los medios es no referirse a la vida privada de las personas" y, por tanto, Valverde habría cometido "una falta ética grave".
Yo conocí a Carlos Valverde en un viaje que un grupo de periodistas bolivianos realizamos a Santiago de Chile en diciembre del año pasado. El tiempo que compartí con él fue insuficiente para considerarlo mi amigo pero sí me sirve para decir que me cayó simpático. Aunque lenguaraz en extremo (lo de usar insistentemente la palabra "putas" es una prueba de ello), el tipo tiene carisma y sabe hacer agradable una conversación. No obstante, aunque él y yo fuéramos hermanos, probablemente mi percepción sobre el caso del viajecito a Cuba hubiese sido el mismo que el de Raúl Peñaranda si es que hubiera visto el programa.
El detalle es que los excesos de Valverde no son nada nuevo en el periodismo boliviano. La verdad es que, de un tiempo a esta parte, los medios de comunicación se han convertido en armas eficaces en la eterna guerra por el poder y, vistas las cosas de ese modo, habría que concederle parte de razón al presidente Evo Morales cuando se queja de ellos.
Pero el problema no está en las personas propietarios, periodistas y/o "alquiladores de espacios" que acceden a los medios sino en las organizaciones que están llamadas a normar el trabajo de la prensa en el plano profesional, gremial o sindical.
En el país existen la Asociación Nacional de Periodistas y la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia con sus respectivas filiales y en algunas ciudades incluso han surgido colegios de comunicadores. Más allá de la defensa de sus afiliados, estas organizaciones están llamadas a velar por la idoneidad del trabajo periodístico y, en caso necesario, hacen funcionar sus tribunales disciplinarios.
Lamentablemente, el mecanismo del Tribunal de Honor se ha convertido en un saludo a la bandera ya que cada vez son más los casos de periodistas que se someten a ellos, son hallados culpables, sancionados e incluso expulsados pero siguen trabajando en la prensa como si nada, sin que ser humano en el mundo pueda evitarlo.
¿Qué podemos hacer, entonces, cuando personas como Valverde cometen excesos?... Tenemos dos alternativas: o nos amarramos los pantalones y aplicamos efectivamente los códigos de ética o nos vamos todos de putas y permitimos que la prensa se vaya de una vez al carajo.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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