Copacabana / La Prensa
enviado especial
Por primera vez en su vida, Silvia Tapia Álvarez subió al calvario de Copacabana. En cada cruz de la cuesta (siete en total) pidió un deseo y lanzó una piedra. Tiene 21 años y fue una de las miles de jóvenes que acudieron a la cita con la Virgen morena.
“Lo bueno de este 2007 es que hay más jóvenes que antes”, relató Abraham Arteaga Méndez, párroco de la iglesia del pueblo. “La afluencia de gente es similar a la de años pasados; sin embargo, estamos gratamente sorprendidos por la cantidad de chicos y chicas que visitan el templo”. Para este año, la Alcaldía anticipó que recibirá a 40 mil visitantes.
Las calles de Copacabana estaban repletas de adolescentes y jóvenes; en tanto que en las orillas del lago sagrado había vehículos con música de reggaeton a todo volumen, a pesar de que la comuna restringió “la interpretación de música que no esté acorde al espíritu de la Semana Santa”.
En los alojamientos no cabían más parroquianos. Así, en el hostal Wara estaban copadas las 25 piezas, mientras que en la residencial Georges los dormitorios se hallaban reservados. El precio de cada habitación oscilaba entre 35 y 50 bolivianos.
Las plegarias
Marco Antonio Tórrez Salazar llegó hasta la cima del calvario de Copacabana. Arrojó una piedrita en cada una de las cruces y al finalizar la cuesta le pidió a la Virgen un deseo: “Me gustaría tener un terreno propio para construir una casa”.
Como él, una multitud de creyentes llegó hasta el santuario para implorar a la patrona alguno que otro favor. Cada uno a su estilo. Por ejemplo, el cusqueño Édgar Choquetilla levantó una roca de unos 15 kilos y enrumbó cuesta arriba. Sudaba, pero no dejaba de sonreír: “Es la primera vez que lo hago”.
A unos 20 minutos de distancia, la familia de Angélica Álvarez de Silva caminaba descalza por las piedras del calvario. “Venimos por segundo año consecutivo porque le hicimos la promesa a la Mamita”, contó la mujer mientras esquivaba los filos de las rocas. Casi todos los visitantes del calvario recorrían el sitio yendo por los lugares más complicados. Las pequeñas grietas eran la atracción preferida.
El comercio
Los fotógrafos pululaban por el calvario y la plaza. Carlos Poma Paredes reveló que cada fotografía la tomaban por 10 bolivianos. En tanto que Janeth Rodríguez dijo que ésta es la mejor fecha para vender sus figuras de yeso en forma de casas y terrenos.
Según la Fuerza Naval, las 90 embarcaciones (de transporte de vehículos) y las 150 lanchas (para las personas) se pusieron a disposición del público. El paso de cada motorizado por el estrecho de Tiquina oscilaba entre 30 y 35 bolivianos, dependiendo del tamaño.
Los poco más de 5 mil habitantes de Copacabana vivieron una jornada repleta de comercio. El párroco Arteaga sentenció: “En realidad es lo que sucede cada año, sólo que en esta ocasión estamos felices por la llegada de más jóvenes”.
Los alojamientos
Hace un par de semanas la hospedería de Copacabana volvió a ser administrada por los sacerdotes de la parroquia. “Pero, como usted ve, los campesinos no han dejado nada”, indicó Beatriz Hernani Dorado, una devota católica a cargo del sitio.
El aposento, a dos cuadras del templo, fue construido por los religiosos. Sin embargo, en noviembre de 2005 fue tomado por los campesinos, quienes luego pidieron la salida de la orden franciscana.
El fallo judicial del caso fue favorable a los católicos y éstos retomaron el control. Ayer, los 57 cuartos estuvieron ocupados por unas 100 personas. “Lastimosamente, sólo les dimos piso porque ellos (los campesinos) se llevaron desde las camas, las frazadas hasta los focos”.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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