La Razón Abril 08, 2007



La tercera nacionalización


El rostro de Andrés Soliz Rada, con casco de petrolero, fotografiado junto al presidente Evo Morales, fue la imagen de la nacionalización del petróleo hace un año. Ahora, Soliz Rada dice que aquella nacionalización fue puesta de rodillas por las petroleras.

El presidente Morales sólo ha respondido a este comentario de su ex ministro recordando que Soliz Rada fue parte de un partido que co gobernó con Hugo Banzer a principios de esta década. Fue cuando Condepa, el partido en cuestión, fue expulsado de la coalición por hechos de corrupción.

El jueves pasado, el ministro de Minería, Luis Alberto Echazú, admitió que la fundición de Vinto no puede exportar su producción, por “las condiciones neoliberales que subsisten”. Aludía al hecho de que la Glencore International, que era dueña de Vinto hasta la “nacionalización”, está presionando tanto que en este momento cualquier carga de estaño metálico que exporte Comibol sería confiscada por orden de tribunales internacionales. Para que Vinto pueda exportar, el Gobierno boliviano deberá pagar a la Glencore lo que la suiza está pidiendo, que es mucho más de lo que pagó a la Comsur y de lo que invirtió en la fundición. Lo cierto es que Vinto es otra nacionalización fallida.

Ahora, el gobierno del presidente Morales anuncia la nacionalización de Entel para el 1 de mayo. Un equipo de ministros debe trabajar para que la nacionalización esté lista para fin de este mes.

Es probable que la nacionalización del petróleo haya sido mal hecha, o que las petroleras hayan resultado ser muy hábiles, como sugiere Soliz Rada. Si las empresas van a pagar más, o menos, impuestos que antes, se sabrá cuando haya cesado, finalmente, la vigencia del impuesto del 32 por ciento que debía regir mientras se firmen los contratos.

Si el Estado boliviano va a tener que pagar una suma excesiva a Glencore, se sabrá cuando el Gobierno decida hablar de este tema, que por el momento lo tiene enmudecido.

Y del resultado de la nacionalización de Entel no se puede especular. Habrá que esperar que los servicios, siendo malos ahora, no empeoren cuando se haya producido la nacionalización. Que sean tarifas más baratas, eso sí se puede esperar, porque más altas que las de ahora no existen.

Todo esto es anécdota. El verdadero resultado de la “nacionalización” del petróleo es que no hay inversiones en la industria petrolera y que el país está ahora en el riesgo de no poder honrar los compromisos de exportación. Eso es lo que cuenta. No hay inversiones petroleras. Y no las hay porque si unos contratos fueron ignorados —los firmados por Sánchez de Lozada— los nuevos, los de Morales Ayma, no entran en vigencia y las condiciones tributarias son fijadas por normas caprichosas.

Sobre Vinto, pues nada. Lo mismo. Las inversiones mineras llegan a los países vecinos en una fiebre que se parece a los altísimos precios de los minerales. Pero no llegan a Bolivia. Y no llegan porque hay una reforma tributaria pendiente, pendiente desde hace dos ministros de este gobierno. Poco tiempo, es cierto, pero el suficiente para desalentar a las inversiones.

Una nacionalización más, nacionalización como las dos anteriores, y estaremos como Pirro.

Humberto Vacaflor G. * es periodista.


Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia

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