El libro Remesas de inmigrantes moneda de cambio económico y social, publicado por el BID, refleja en su título las esperanzas de sus editores, Donald F. Ferry y Steven R. Wilson, en que estas masivas remesas
sean un medio, no tan sólo para comprar y vender, sino de transformación económica y social. Los montos estimados hacen pensar en que esto es posible. “En América Latina y el Caribe —dicen—, por ejemplo, los inmigrantes envían dinero a sus familias, en montos que oscilan entre 200 y 300 dólares mensuales. Si se suman estas remesas, el total es más de lo que recibe la mayoría de los países en forma de asistencia oficial para el desarrollo más inversión extranjera directa. En 2004, padres, madres, hijos, hijas, tías y tíos enviaron más de 45 mil millones a sus seres queridos en todo el territorio de las Américas”. Cifra que, con los años, se asume crece geométricamente.
En los últimos 200 años ha tocado a innumerables sociedades exportar mano de obra barata a los centros industriales. En la segunda mitad del siglo XX son principalmente habitantes de ex colonias inglesas, francesas y, por supuesto, españolas. Algo así como devolverles el favor de incorporarlos en la economía mundial o cobrar los costos de la invasión, dominación y siglos de expoliación.
Los bolivianos no siempre se dirigieron a EEUU y Europa. Hoy, es más notorio, porque es la clase media la que busca nuevos horizontes en notorios números. En el capítulo Envío de remesas entre países vecinos en América Latina se apunta: “A finales de los años 90, la paridad de un peso por un dólar atrajo grandes cantidades de trabajadores extranjeros, entre ellos bolivianos, a Argentina”. Y no son viajes sin retorno, estos autores añaden: “Una crisis económica grave en 2001 llevó a abandonar esa paridad peso-dólar, (…) abandono (…) que, asociado con la devaluación y el reducido poder adquisitivo, provocó una gran migración de retorno sin precedentes a Bolivia en 2002.
Nada menos que la mitad de los bolivianos (…) se fueron de Argentina, (…) hay indicios de que la mayoría de los bolivianos que se fueron, (…) volvieron a mediados de 2003, luego de haber agotado sus ahorros”. La migración es un fenómeno imparable, como serán las remesas. Éstas pueden ser sobreestimadas. Mientras el Banco Central de Bolivia indica que 305 millones de dólares entraron por este concepto al país, el BID estima casi el triple, o sea, cerca de una quinta parte de las exportaciones. Si los compatriotas llegan a 3 millones en el exterior, con el dinero que remiten se diría que es la más grande industria nacional. Tal vez se pueda pensar en enviar otros 3 millones y, los que permanezcan en Bolivia, vivirán mucho mejor con las remesas que haciendo lo que hacen hoy.
Alberto Bonadona Cossío * es Economista
abonadona2001@yahoo.es
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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