Los Tiempos Abril 08, 2007



Entre paréntesis. . .: ¿Cuál es la novedad?. . .


Gracias al discurso en Warnes, a los nombramientos de representantes presidenciales y a algunas declaraciones de dirigentes masistas, la oposición ha descubierto ¡que Evo quiere quedarse en poder! A partir de ese formidable descubrimiento, todos los días denuncia las cosas que el Presidente y sus colaboradores están haciendo para lograr la reelección.

Lo que significa que no entendieron que todo lo que ha hecho Evo Morales, desde su elección, es crear los mecanismos para quedarse y que nunca tuvo la menor intención de irse ¡Si algo tiene aprendido de memoria el actual gobierno, es el catecismo venezolano!

La Constituyente jamás tuvo otro objetivo que el de la elaboración de los instrumentos jurídico-formales para legalizar una suerte de Presidencia vitalicia. Todo el discurso de la implantación de un nuevo modelo social, de inspiración originaria, la revolución democrática y cultural, no han sino nada más que versos --de recurrente mala calidad-- para vestir un proyecto de poder.

Cierto, es el propio gobierno quien ha desvestido al santo. Y es el mismísimo Presidente --agobiado por las desventuras de una Constituyente errática-- el que tiene que impulsar y pedir que se aceleren los mecanismos electorales más burdamente demagógicos, como el voto de los bolivianos en el exterior o el derecho de sufragio a los dieciséis años.

Pero resulta que el tema electoral, sigue siendo una cuestión de maquillaje. Más allá de los apresuramientos febriles de don René Joaquino o de las impaciencias presidenciales de don Samuel Doria Medina, es evidente que Evo Morales cuenta con los mecanismos externos e internos, las cantidades y los apoyos, y la absoluta carencia de alternativa política mínimamente seria, para ganar la elección que se proponga.

Lo que no tiene Evo Morales, es la posibilidad de reconstitución de Estado, ni de implantación de una visión política que pueda traducirse en un proyecto concreto. Y a estas alturas --y sobre todo, después de la batalla de Cochabamba--, él ya debe saber lo que aprendieron los gobiernos anteriores: ¡ni siquiera tiene la posibilidad estatal de copamiento territorial del conjunto de las regiones! Lo dicho una y mil veces: mientras se acentúe el proceso de desagregación, no hay posibilidad cierta de autoridad nacional, ¡se llame Evo, se llame Mesa, o Perico de los Palotes!

Es posible que una respuesta electoral interesante le abra las puertas a la tentación dictatorial, mucho más si ya lo hemos visto débil ante la seducción totalitaria. Pero mientras los márgenes sean los de la democracia formal, va a tener que asumir --él, o el que venga--, la imposibilidad de ser gobierno para todos. Él, y los que vengan, van a ser la expresión formal y engañosa de una sociedad tribalizada, fragmentada, sin viabilidad como Estado nacional. Y en la más simplista de las caricaturas, es más fácil plantearse ser gobierno para siempre, que gobierno para todos.

El menor análisis de la ubicación de Bolivia en la región y el mundo, nos lleva a conclusiones que no pueden ser más lamentables. ¡Y estamos discutiendo de elecciones! Y mientras tres millones de bolivianos se instalan en el exterior, ¡calculamos cómo van a votar! Y mientras constatamos que las nuevas generaciones no tienen ni siquiera el horizonte de un empleo digno, ¡les ofrecemos sufragio! Ahora, que durante años y años, no asumamos la magnitud de nuestra realidad y nos demos el gusto de ocuparnos de huevadas, ¡tampoco es novedad!


Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia

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