Opinión Abril 08, 2007



Huellas en la historia


JESÚS es, sin duda, una de las personas que ha dejado más huellas en la historia de la humanidad. Impresiona el pensar que aquel hombre, nacido en un rincón del Imperio Romano, que predicó unos escasos tres años en Palestina, haya dejado tanta huella en nuestras vidas. Pensemos solamente en sin Jesús no tendríamos la Pietá de Miguel Angel ni la última cena de Leonardo da Vinci. Tampoco tendríamos las famosas Pasiones de Bach ni las Misas del gran Amadeo Mozart. Tampoco existiría gran parte del arte barroco. En Cochabamba no tendríamos nuestro Cristo de la Concordia. Tendríamos ciudades pero con otros nombres porque no se llamarían Santa Cruz, ni Trinidad, ni tendríamos el patrimonio de Chiquitos. Solamente hemos recordado algunos hechos y algunos nombres de tantos que podemos encontrar en cualquier historia del arte y la cultura. Pero, la verdad es que Jesús no ha venido para nada de esto.

JESÚS no vino para dejar sus huellas en el arte, para que se le dediquen piezas musicales y otras obras de arte. Tampoco ha venido para dar su nombre a las ciudades, ni para que le hagan monumentos por grandiosos que sean. Ha venido y ha dejado su huella en algo mucho más importe. Ha venido para cambiar el corazón de los hombres y mujeres. Ha venido para anunciarnos la Buena Noticia de que todos, más allá de todas nuestras diferencias, somos todo hermanos unos de otros porque todos somos hijos de un mismo Dios y Padre de todos. La pequeña semilla que sembró en Galilea ha dado su fruto. Por supuesto que no todos los que nos llamamos cristianos no vivimos lo que Él enseñó. También es verdad que en su nombre se han hecho muchos disparates, pero eso no quita la cantidad de buenos frutos que ha dado el cristianismo a la humanidad. No se trata de ser triunfalistas, pero tampoco de pasar por alto y desconocer las huellas positivas que nos han dejado muchos cristianos durante estos dos mil años de historia.

SEGUIDORES de Jesús son San Francisco de Asís, San Juan Bosco, Teresa de Calcuta, Martín Luther King, y tantos miles y miles de cristianos que han pasado haciendo el bien. Con sus posibles y reales defectos, todavía hoy, después de dos mil años, existen miles de cristianos y cristianas que, siguiendo las huellas de su Maestro gastan su vida en apartados rincones, perdidos en las selvas, donde nadie va, pero allí están ellos para instruir y enseñar el bien. Cuántas escuelas, postas sanitarias, asilos para huérfanos o ancianos están al cuidado de estos seguidores de Jesús. En nuestro medio, en nuestra Cochabamba, sin hacer ruido, sin hacer propaganda, sin buscar aplausos son cantidad los cristianos anónimos que se dedican a los más pobres y desprotegidos. Los que somos una medianía como cristianos podemos y debemos sentirnos orgullos de ser cristianos, de tener hermanos que son un ejemplo de entrega silenciosa para con los demás, y sólo nos resta pensar que las huellas de Jesús dejen también una huella en nuestras vidas para que la Semana Santa no haya pasado en vano.

Francisco Dardichon, sj. * es sacerdote y profesor universitario.


Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia

© 2007 CEDIB - www.cedib.org