Logro. Es un proyecto de Rolando Aparicio, que ganó en la V Bienal Iberoamericana de Arquitectura
Diferente. Éste es el colegio que le cambió la cara a Villa Busch, un pueblo de Cobija, y que permitió valorar los recursos humanos y naturales que tiene el país
La V Bienal Iberoamericana que se desarrolló en Montevideo (Uruguay), y que el pasado 16 de marzo se realizó la premiación en Madrid, ocasión en que la ministra de Vivienda de España, Antonia Trujillo, entregó al arquitecto Rolando Aparicio Otero el premio consistente en un contrato para proyectar y supervisar un edificio en Zaragoza, donde se realizará la Expo Mundial 2008.
La obra del boliviano se inserta adecuadamente en el lugar y consigue, con material y mano de obra local, una expresión arquitectónica novedosa, donde se cuidan las cuestiones ambientales y se ofrece una estética contemporánea; es decir, un franco encuentro entre tradición y modernidad. Además propone, a partir de los edificios, una propuesta educativa diferente, acorde con las particularidades y condiciones de la selva boliviana. Ésta es la fundamentación del fallo del jurado de la V Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, de la cual resultó ganador por unanimidad el arquitecto Aparicio Otero, en la categoría Mejor obra de arquitectura.
Las condiciones de trabajo para concretar dicho centro educativo fueron difíciles, puesto que se decidió hacerlo en Villa Busch, situada a 7 kilómetros de Cobija: sin agua, sin luz, sin teléfonos celulares. Ahora, Villa Busch tiene energía eléctrica y un colegio diferente. “Este proyecto indisoluble de la obra no puede describirse ni evaluarse con números y planos; fue una campaña, como llaman a las guerras”, fueron algunas de las palabras ofrecidas por Aparicio durante la premiación.
Pobreza material no significa pobreza espiritual; ese principio orientó el proyecto, que data desde 2001, cuando monseñor Luis Morgan, obispo del Vicariato de Pando, gestiona en Estados Unidos una donación para hacer un colegio en la Amazonia boliviana. Se propuso una arquitectura que resulte pedagógica, en lo que el ambiente físico-cultural puede enseñar. Dignificar los ámbitos da una vivencia positiva a quienes no tienen referencias arquitectónicas de valor en su hábitat. “No aceptamos el criterio de dar a los pobres entornos frustrantes”, puntualizó.
También dijo que fue importante escuchar el discurso de la ministra de Vivienda de España, resaltando el hecho de que sea Bolivia la ganadora, a tiempo de remarcar que el reconocimiento que acaba de recibir es un estímulo para los bolivianos, que tienen que soportar que se los vea como simple mano de obra barata.
En el acta de premiación, se puede observar que los criterios de valoración fueron unánimes, por lo que se convierten en un aliciente importante para un país que no está habituado a ganar en este ámbito profesional. Y es que el establecimiento es digno de destacar. Sólo se utilizó las partes altas y planas que, por ser de tamaño insuficiente, obligaron a desconcentrar el colegio. Es decir, que el lugar desafió a hacer algo diferente a lo que el sistema de educación represivo aconseja. La cancha de fútbol ya no es el centro del universo escolar; los pabellones se ubican en la parte superior de las colinas; los alumnos no están al alcance de la vista de los profesores y se mantienen áreas de selva húmeda dentro de la propiedad del colegio. El uso racional de lo ecológico y la excelente mano de obra se ven plasmados en el techo de hojas de palmeras artesanalmente tejidas: la ‘jatata’ y estructuras de madera generan grandes y ansiadas sombras bajo las cuales se amplifica la ventilación interna. No precisa ventiladores, su iluminación es ecológicamente sustentable y apropiada para el mítico calor de la capital pandina. “No conocemos el desperdicio; nuestra pobreza nos hace usar de manera inteligente nuestros recursos. Ya quisieran los europeos hacerlo así”, subrayó. El proyecto también destaca el hecho de que los conceptos básicos de lo regional se universalicen a la contemporaneidad.
Chile, México y Brasil también se destacaron
El jurado de obras compuesto por Inés Sánchez de Madariaga y Gerardo Ayala (España), Mariano Arana (Uruguay), Alberto Kalach (México), Matías Klotz (Chile), Paulo Julio Valentino Bruna (Brasil), Gustavo Adolfo Aspiazu, Argentina; Jorge Garrido Lecca Barandiarán y Enrique Bonilla di Tolla (Perú), también destacó proyectos chilenos, mexicanos y brasileños.
En la categoría Joven autor, fueron premiados los chilenos Mauricio Pezo y Sofía von Ellrichshusen con la Casa Poli. Mientras que en la categoría Trayectoria el reconocimiento fue para el arquitecto mexicano Teodoro Gonzáles de León. Se caracteriza por mostrar su talento a la hora de valorar la fuerza y la sobriedad de la tradición mexicana dentro de una línea de expresión cercana al ‘brutalismo’, señala la fundamentación del jurado. Y en la categoría Paisajismo fue para Rosa Grena Kliass, que estuvo a cargo del diseño del Parque de la Juventud en Sao Paulo, (Brasil).
El acto de premiación se realizó el pasado 16 de marzo en Madrid (España), junto con la inauguración de la Exposición.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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