Lo visto y oído en Santa Cruz en el encuentro territorial de la Asamblea Constituyente no fue distinto de lo que vivió el constituyente Román Loayza en Potosí, ni diferente a las contundentes escaramuzas que hubo en Cochabamba y El Alto. ¿Que aquí hubo más agresión? Quizás, pero si de agresiones se trata, no más que los chicotes que en Sucre han ido a dar a las espaldas y extremidades de más de una/un constituyente opositor al MAS.
Y no se trata de justificar la agresión de uno u otro bando, ni qué agresión es mayor a cual. Pero quien siembra vientos, cosecha tempestades, dice el sabio refrán, pues tanto hablar contra las autonomías y, además, pretender desconocer los resultados del referéndum autonómico, donde ganó el Sí, son un caldo de cultivo para cualquier estallido. Y no necesita azuzarlo el Comité pro Santa Cruz: la demanda autonomista se hizo carne en la gente como se ha hecho carne en occidente el No a las autonomías, discursos y campañas mediante.
En realidad, lo que en aquel encuentro territorial se oyó, vio y vivió a gritos fue intolerancia, pero fue, sobre todo, la expresión de la lucha por el poder, muy descarnada, y esa lucha no suele ser a besos y abrazos, sino todo lo contrario. Lo que hubo aquí y hay en la Asamblea son dos visiones diferentes del mundo, del país, del poder, del Estado, de la nación, de la política, de la economía, de la cultura, de la sociedad. Es suma, dos distintas miradas de la totalidad como expresión de múltiples determinaciones.
Las diferencias se reflejan en el título de esta nota, pues dicen que así dicen quienes en Santa Cruz escuchan decir algo que se separa del discurso autonomista del Comité pro Santa Cruz; o no comparte las actitudes autoritarias de la Unión Juvenil Cruceñista. “Y qué ej voj, ¿soj masista?”, es la forma más simpática, y dialécticamente intolerante, de manifestar el desamor al MAS. Por el contrario, desde la otra cara de la realidad, que tiene más de una en todo caso, se interpela con “eresh un camba oligarca, latifundishta y terrrateniente” a quienes sí se declaran autonomistas, exigen respeto a los 2/3, están a favor de la libre empresa, la economía de mercado y son críticos del presidente Evo Morales y el MAS.
Manifestar discrepancias o críticas no significa adhesión ideológica alguna. A no ser que se exprese de manera contundente que se está a rajatabla en contra de la autonomía, como lo hicieron desde el propio Presidente, todos los funcionarios del Gobierno, hasta los más humildes militantes del MAS. En el otro polo, señalar con dedo acusatorio a quienes creemos en la autonomía como una nueva y necesaria forma de relación entre el poder central, las regiones y las sociedades locales, reitero, acusarlas bajo el apelativo ‘oligarca’, equivale a una condena social a quien va dirigido el dardo calificativo.
Discrepar o aceptar lo que dicta cada subjetividad o cada conciencia, es hacer uso de la libertad de pensamiento y, por ende, de la libertad individual de las personas en democracia. ¿Por qué? Pues por la sencilla y elemental razón de que esa libertad es la única garantía frente al ‘pensamiento único’ que han querido imponernos, cualquiera que haya sido, sea o vayan a ser los gobiernos portaestandartes de algún pensamiento político autoritario. Ese autoritarismo es lo que se convierte en pensamiento único: nadie tiene derecho a discrepar.
El pensamiento único
y las luchas por el poder
Sin derecho a discrepar, fue lo que impuso el MNR en 1952 con el pensamiento único de la Revolución Nacional, luego de romper la hegemonía y el patrón de acumulación de la oligarquía minero-andina, en una lucha a tiros y a muerte. Pensamiento único fue lo que impusieron los gobiernos militares y las dictaduras autoritarias-represivas-homicidas frente a todo lo que oliera a ‘izquierda’ o reivindicación social; dicho de manera simplista y caricatural: ‘comunista’. Esa intolerancia la tuvo en su tiempo la mayoría de la sociedad boliviana, la cruceña incluida. Eran los tiempos de la Doctrina de Seguridad Nacional y mucha gente se quedó anclada en esos tiempos de intolerancia, tiempos que hay con triste abundancia en todo tiempo y lugar.
Pensamiento único, sin derecho a chistar, es lo que también impusieron el mismo MNR y sus aliados de izquierda, más la UCS, como eximios alumnos del neoliberalismo y las capitalizaciones, arropadas en las llamadas reformas estructurales del Estado, a partir de 1994. Pensamiento único es lo que trata de imponer el nuevo bloque en el poder, el MAS, con su reivindicación ultraindigenista y el retorno al comunitarismo precolombino, obviando la diversidad y las diferencias que hacen a la totalidad.
El pensamiento único induce a mirar la realidad a partir de opuestos binarios o pares antagónicos: indígena/k’ara; pueblo/oligarquía; originario/invasor; derecha/izquierda; sistema comunitario/empresa privada; socialismo/capitalismo; todo o nada. Caer en el maniqueísmo absurdo y dañino de los opuestos binarios, blanco o negro, denota poca inteligencia, menos sensibilidad y nula utilización de los sentidos, pues así no se ven ni se tocan ni se oyen los grises, los verdes, los rojos, los azules, los amarillos de la totalidad concreta, que son las formaciones económico-sociales, complejas y contradictorias. Ésas son las sociedades de carne y hueso: diversas, pluris y multis.
¿Pretende el MAS imponer el pensamiento único basado en los opuestos antagónicos en la redacción de la nueva Constitución Política del Estado? La lucha por el poder y por la reproducción del poder, ya sabemos que suele no tener límites. Pero si la Asamblea Constituyente, pensada como el camino de la construcción y el encuentro nacionales sin exclusiones, fue instrumentada para la reproducción del poder del MAS y la reelección del presidente Evo Morales hasta 2018 o más, han cometido una estafa política. Y como si fuera poco, tanta parafernalia para haber fracturado y enfrentado al país, cuando tenían todas las condiciones para haberlo articulado. ¡Qué desperdicio!
Si es así, pues que nos acusen de ‘cambas oligarcas’, porque siendo cambas, pero no oligarcas, habrá que seguir luchando por la convivencia y la pluralidad democráticas, por que se cumpla el tiempo constitucional de las autoridades elegidas en diciembre de 2005; por el respeto a los dos tercios y al referéndum por las autonomías; por un futuro con equidad para que no sigamos exportando pobres y explotando a las y los compatriotas que se rajan el lomo para mandar las remesas; por el tributo a la diversidad cultural indígena y mestiza, con el corazón a la izquierda. Para hablar y dialogar; para llegar a acuerdos, porque las luchas por el poder y su reproducción no necesariamente tienen que ser a lo ‘mero macho’, autoritario de un ‘vini, vidi, vinci’ (“vine, vi y vencí”, como dijo Julio César tras una de sus victorias de conquista).
En todo caso, las luchas por el poder siempre tendrán un: “Y qué ej voj, ¿soj masista?” y su contraparte: “¡Tú eresh un camba oligarca, latifundishta, terrrateniente!”. Ojalá que sin llegar a excesos de piedra ni de chicotes ni de arma letal alguna.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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