Challapata / La Prensa-Oruro.- Los primeros rayos del sol aparecen por encima de los Azanaques. A esa hora llegan a Challapata alrededor de 100 camiones cargados de pasajeros, chalones de carne de llama y cordero, quinua, ceniza y otros productos que son comercializados en la feria que se realiza los fines de semana.
El carro es el único medio de transporte que acerca a los productores de quinua con el mercado. “Siempre hemos viajado así, estamos acostumbrados”, afirma Nicasia Flores, una mujer de 70 años que tiene el cabello blanco y el rostro estriado por los rayos solares, y el frío.
Challapata está a 150 kilómetros al sur de la ciudad de Oruro. El municipio, que tiene alrededor de 25 mil habitantes, es un punto donde se realizan las ferias semanales y adonde acuden agricultores con sus productos y vendedores de abarrotes, verduras, frutas, muebles, artesanías, metal mecánica y un sinfín de mercaderías.
La Alcaldía de Challapata no conoce cuánto movimiento económico generan los comerciantes, pero la Intendencia saca buenas ganancias por el cobro del sentaje.
Empero, el negocio que provoca expectativa es la quinua. La Cámara Nacional de Productores de Quinua (CNPQ) estima que el 70 por ciento de la producción es comercializada en Challapata. A este centro acuden centenares de productores de este cereal con cinco y hasta 20 quintales.
“Lo primero que hacemos (los choferes) es buscar un comprador que pague bien y al momento, porque a la gente le interesa vender a buenos precios ya que cosechar quinua cuesta”, relata Freddy Quispe, un conductor que trae en su camión a agricultores de la provincia Ladislao Cabrera.
Cuando el trato está cerrado, toda la quinua de la carrocería es descargada en una calle repleta de polvo y tierra. Los ayudantes del “patrón” comienzan a pesar las cargas con la ayuda de un callapu (palo de madera) y una romana que tiene capacidad para “jalar” hasta dos quintales.
El “contrato” es realizado en función de la cantidad de quinua que trae el camión, aunque generalmente oscila entre 40 y 100 quintales. Un “rescatador” puede adquirir hasta 500 quintales de este cereal cada semana. “No es nuestro dinero, lo tenemos prestado o nos adelantan”, sostiene Ricardo, un comprador que pidió reserva de su apellido.
El precio del quintal de quinua bruta en Challapata se registró ayer en 240 bolivianos. Los campesinos, una vez que realizan el pesaje, hacen fila para recoger su dinero. “Hay que respetar la romana del comprador, a veces merma con dos hasta ocho libras”, comenta Alcira López. La joven madre es oriunda de la comunidad de Alapaxa que queda cerca del Salar de Coipasa. Los 700 bolivianos que recibió por los tres quintales de quinua le permiten comprar abarrotes.
El sitio en el que se comercializa el “grano de oro” no es adecuado porque la calle está llena de tierra, nadie controla la calibración de las balanzas y no se entregan recibos o facturas. Predomina la libre oferta y la demanda. Allí comienza la red del contrabando de este cereal al Perú.
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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