Bolivia necesita del mundo más que el mundo de Bolivia. De hecho, si por alguna razón desapareciéramos, económicamente el mundo apenas lo notaría, participamos con el 0,016 por ciento del comercio internacional, es decir, somos insignificantes.
Por eso, es importante que los cambios que propongamos y que estamos llevando a cabo estén acordes con los tiempos históricos que el mundo está viviendo, para que, lejos de quedarnos en alguna estación olvidada en el proceso de desarrollo, nos subamos al tren del desarrollo, para que nuestros hijos y las futuras generaciones puedan vivir mejor, deseos no sólo expresados por todos los ciudadanos de este país, sino por el mismo Presidente de la República en varios de sus discursos.
Cualquier cambio debe implicar una mejora porque, de no ser así, es mejor quedarnos como estamos. Todas las propuestas, las que parecen necesarias y aun las más descabelladas, tienen que pasar por dos análisis fundamentales, su impacto en el corto plazo y su impacto en el largo plazo, un equilibrio difícil de lograr cuando las decisiones tienen un sesgo político.
Los cambios propuestos en la Constitución, la decisión de “nacionalizar” o recuperar las empresas para el Estado, las modificaciones en las leyes laborales, el cambio en la Ley de Pensiones y otras propuestas, antes de ser “lanzadas”, deberían ser analizadas con mucha madurez, responsabilidad, profesionalismo y a la luz de los cambios que se están sucediendo en el mundo entero.
La sociedad que viene es una sociedad del saber. El saber será su recurso clave y los trabajadores del saber serán el grupo dominante de su fuerza laboral, y por sus características, será una sociedad mucho más competitiva tanto para los individuos como para las organizaciones.
La tecnología de la información está permitiendo que el saber se difunda de forma casi instantánea y haciendo que sea accesible para todos. Dada la facilidad y rapidez con que viaja la información, todas las instituciones de la sociedad del saber, no solamente las empresas, sino también las escuelas, las universidades, los hospitales y los organismos gubernamentales, tienen que ser competitivos globalmente, aun cuando la mayoría de las organizaciones mencionadas continúe siendo local en sus actividades y mercados.
Esto es así porque internet mantendrá informados a los clientes de todas partes sobre lo que está disponible en cualquier parte del mundo y a qué precio.
Esta nueva economía se apoyará con fuerza sobre los trabajadores del conocimiento. Actualmente, este término se usa de forma general para describir a personas con un considerable saber e instrucción teóricos, como médicos, abogados, profesores, contables, ingenieros, pero el crecimiento más asombroso se dará entre los “tecnólogos del saber”, es decir, técnicos informáticos, programadores de software, analistas de laboratorios clínicos, técnicos de fabricación, pasantes de bufetes legales, etc. Estas personas son trabajadores manuales y trabajadores del saber, en igual medida. Suelen pasar mucho más tiempo trabajando con las manos que con el cerebro, pero el trabajo manual se basa en una cantidad importante de saber teórico que sólo puede adquirirse por medio de una educación reglamentada, no por medio del aprendizaje.
Los tecnólogos del saber no estarán, en general, mucho mejor pagados que los trabajadores especializados tradicionales, pero se ven a ellos mismos como “profesionales”. Igual como fueron los obreros manuales no especializados la fuerza social y política dominante en el siglo pasado, los tecnólogos del saber llegarán a ser, probablemente, la fuerza social, y quizá también política, dominante a lo largo del las próximas décadas. Los cambios propuestos necesariamente deben tomar en cuenta esta irreversible e incuestionable tendencia.
Fernando Mirabal P. * es Ingeniero industrial especializado en economía
fernandomirabal@yahoo.es
Fuente: Servicio de Información Ciudadana. SIC, CEDIB - Bolivia
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