Gentes y arcanos del extremo sur

Gentes y arcanos del extremo sur

Gentes y arcanos del extremo sur

“De tan cierto, hasta mentira parece… ”. A. Domínguez Romero.

 

José Franz Medrano Solares (el Gato)

Remedios Oviedo Noriega, compositora tupiceña de estirpe señorial Fotografía de los Hnos. Barrientos Oviedo y Alfredo Domínguez R.
Tapa y Contratapa de un disco simple grabado por “Sangre de América” (J. F. Medrano Solares y G. Barrientos Zamora) y los Hnos. Barrientos Oviedo.

 

El 10 de mayo de 1974, el suplemento Tricolor del periódico paceño Hoy, en la pág. 2, publicó un artículo de Alfredo Candia G. referente a ¹Dña. Remedios Oviedo Noriega de Daza, el cuál develaba su atareada y heroica tragedia existencial, además de su estirpe señorial, cuyos orígenes se remontarían -conforme a lo expresado por la exquisita compositora y poetisa tupiceña –  hasta el Conde de Oviedo, quién junto a sus dos hermanos, entre los siglos XVII y XVIII,  habían sido extrañados de España a las Indias Occidentales por alzarse en armas contra el rey, y ello, debido a que indulgentemente se les conmutó la pena de la horca por la de destierro. Es así como estos nobles caídos en desgracia habrían llegado hasta Potosí, el ombligo argentado del mundo de entonces. En la segunda parte de la entrevista,  publicada en la pág. 6 del mismo periódico el 17 de mayo de 1974, la autora de los versos del Vals Tupiza, nacida un 10 de mayo de 1888, con alguna dificultad en la memoria debido a sus 86 años de edad, elucida un listado incompleto de su obra sometida al pillaje extranjero y, coetáneamente, revela que en una audiencia sostenida con Eva Duarte de Perón en Buenos Aires, ésta le causó grata sorpresa confesándole al oído su cuna boliviana.

        De acuerdo a lo vertido por la octogenaria artífice del trabajo literario Mi libro, los descendientes del Conde de Oviedo, después de “haberse hecho la América” en la Villa Imperial, se empobrecieron notablemente como otros tantos; y siempre en busca de mejor fortuna, años más tarde, una parte de la familia se trasladó a Cochabamba y, la mayoría, a Tupiza. En cuanto a los dos hermanos del Conde -según lo afirmado por Remedios Oviedo Noriega de Daza-  uno se marchó al Perú, y el otro a la Argentina. En Tupiza, esta añeja sangre española, fundiéndose con otras savias sustentadas por la gleba encarnada, se transformó en un árbol añoso de innúmeras ramas en las que fructificaron abundantes generaciones. A uno de estos ramajes pertenecen Adalberto, Godofredo e Iván  Barrientos Oviedo, conocidos en un pasado reciente como: los ²“Hnos. Barrientos Oviedo”, el primero aún vivo, y los dos restantes muertos.

       Este incomparable trío, con generosidad dedicó al valle sureño preciosas construcciones poéticas y musicales, las mismas que, aparte de engrandecer la cultura y genealogía tupiceña, contribuyeron por más de dos décadas, contabilizadas desde los años 40  del siglo pasado, a convocar y reunir óbolos para cuanta obra de beneficio social hubo. Existen documentos que avalan este extremo. Por ello extraña que personas, escuelas, hospitales, teatros e incontables instituciones chicheñas, en lugar de expresarles gratitud perenne, les condenen a una omisión injusta, al igual que a la ilustre Mercedes Oviedo de Daza, que murió por dos causas crónicas: ancianidad desvalida e injustificable olvido. Resulta inconcebible que ninguna antología boliviana de la poesía femenina contemple sus creaciones líricas. Urge recordar que, un pueblo sin memoria, se asemeja a un amnésico paria que no sabe de dónde viene, ni sabe adónde va. Motivado por los amarillentos papeles que sostengo entre mis manos, confirmándome las historias referidas en mi infancia por la madre de mi madre sobre su tierra y su gente, quiero narrar algo que  la apatía y el tiempo se empeñan en callar, y que el Gato y yo queremos redimir: la poco conocida relación musical entre el maestro Adalberto Barrientos Oviedo y el eximio guitarrista Alfredo Domínguez Romero, hela aquí:

       Alfredo Domínguez Romero, nació en Tupiza el 9 de julio de 1938, y murió en Ginebra del mal de chagas el 28 de enero de1980. Fue un excelente artista plástico y un guitarrista compositor extraordinario. La Tribuna de Ginebra publicada en Suiza el 8 de junio de 1972, le considera: ” uno de los mejores guitarristas del mundo por la imitación que hace con su guitarra de varios instrumentos musicales típicos de Bolivia”; sumándose, Francisco Herrera, el famoso musicólogo y guitarrista ibérico, en su reputada Enciclopedia de la Guitarra le clasifica entre los diez mejores guitarristas folklóricos del mundo. En nuestro país, hasta hoy, ningún instrumentista cultor de música popular señoreo esas cumbres. Sin embargo, raras personas conocen que Domínguez interpretaba música clásica, y que para conseguirlo, recurrió al preceptor tupiceño Adalberto Barrientos Oviedo, nacido el 25 de julio de 1920, quién cursó 15 años de armonía, contrapunto y composición en el Conservatorio Nacional de Música de La Paz, a más de tocar el arpa en la Sinfónica Nacional. El maestro chicheño, desde muy temprana edad, aprendió a ejecutar un cúmulo de instrumentos musicales con destreza y técnica admirables, entre ellos la guitarra de alcurnia árabe y dejo hispano.

       Esta historia trasvuela hasta el tiempo en que Alfredo Domínguez, ya mozo, después de haber tornado a Tupiza de la zafra jujeña y de vivir otras epopeyas en las que fuera el único héroe, aproxima su novel guitarra al piano, el acordeón, las armónicas, el botellofón y las voces de los Hnos. Barrientos Oviedo; y entre todos, entretejieron cadencias primorosas en conjunción a los rumores de la tierra y a los truenos del cielo. Empero, Domínguez, vástago de una tímida heladera y un humilde carpintero, impelido por la indiferencia, la discriminación y las limitaciones de su realidad circundante, decide emigrar a sus 24 julios. Su partida es retratada en un discurso pronunciado por Iván Barrientos Oviedo (+), representando a Acción Chicheña Nacional, y en conmemoración al 4to. aniversario de la expiración del inigualable guitarrero, así: “… Es duro decirlo, pero los prejuicios y convencionalismos sociales obligaron a Alfredito a buscar otros horizontes, lejos de su ciudad, donde no pudo ser profeta. Y cuando partió, cinco personas agitaron sus pañuelos dándole la despedida, sus dos afligidos padres y los tres hermanos Barrientos. Para los demás, su partida no tenía importancia…”.  Con el devenir de los años, cuando el guitarrista triunfó, su pueblo supo enmendarse al aclamarle enfervorizado. Pese a la diferencia de edades, tan estrecha resultó la amistad de Domínguez con el trío de hermanos, que a Iván le obsequió su tesoro más preciado, su primera guitarra, la misma que había sido fabricada por las manos trigueñas de don Cesareo Domínguez, su padre, el ebanista rústico y sencillo.

       Años después en La Paz, iniciada la segunda mitad de los 60, Adalberto Barrientos Oviedo y Alfredo Domínguez Romero compartieron por bastante tiempo una habitación en el inmueble No. 1577 situado en la esquina Cañada Strongest y Otero de la Vega, y en el que todas las noches, luego de merendar, Adalberto Barrientos se acomodaba frente a un atril  y empezaba a ejecutar trozos del álbum Doce composiciones para guitarra de Francisco Tárrega. A su diestra, atento, Alfredo Domínguez observaba la forma técnica de sentarse, de asir la guitarra, de colocar los dedos y atacar las cuerdas. Las humillaciones inferidas en la escuela por parte de ciertos profesores bestiales, lograron que Domínguez abominara el aprendizaje teórico, y  a consecuencia de este trauma acaecido en su niñez rehusó aprender la lectura y escritura en el pentagrama. Por lo explicado, el adiestramiento de Domínguez  fue únicamente al oído. Pero dejemos que el fallecido Godofredo Barrientos Oviedo, otro de los componentes del trío, sea quien nos relate la instrucción impartida al guitarrista por Adalberto, su hermano: “… De aquél modo corrigió su digitación y pulsación autodidacta y, conoció técnicas de la guitarra clásica española. A saber: el glisando, el trémolo, el pizzicato (al que Domínguez le decía “el pis del gato”), las diversas formas de percusión, la ejecución sólo con la mano izquierda, las armónicas naturales, octavas, etc., a las que pícaramente llamaba “las campanitas”… “.  Las líneas transcritas, son parte de un artículo publicado por la revista Escape el 16 de mayo de 2004, perteneciente a Godofredo Barrientos Oviedo,  músico y compositor, de cuyos temas Sangre de América fue su mejor exponente. El artículo en cuestión, detalla un sin fin de aspectos del adiestramiento de Domínguez, constituyéndose en un valioso testimonio y en una disposición de última voluntad de su autor.

       Incontables anocheceres, Adalberto Barrientos, tuvo que repetir una y otra vez frases y párrafos en la guitarra para que su discípulo y paisano las imitara. No obstante, éste último algunas noches, obligado por las dificultades de la técnica, lograba nota tras nota aprender dos o tres compases solamente. Con el devenir del tiempo, Domínguez consiguió tocar con estricta sujeción a las partituras de Francisco Tárrega piezas como La alborada (cajita de música), lágrima (preludio), María (gabota), Adelita (mazurca), Capricho árabe, Recuerdos de la alhambra y otras. Asimismo, llegó a interpretar en la guitarra Malagueña de Ernesto Lecuona y La cumparsita con trémolo en la variación. Y lo hizo como un brillante y virtuoso concertista de guitarra clásica, gracias a Adalberto Barrientos Oviedo, su maestro, que con total entrega y desinterés supo diamantar con didáctica singular el genio que poseía. Más tarde, nutrido de esta invaluable técnica musical, Domínguez creó la Vida, pasión y muerte de Juan Cutipa, su mejor inspiración, aún no superada por ningún compositor e intérprete folklórico de guitarra en nuestro país. A partir de entonces, emerge una nueva escuela y un original estilo cultivado por innumerables guitarristas de Bolivia y el mundo.

       Un invierno de 1985, en un ³domicilio del casco viejo de la Ciudad del Illimani, el advenimiento de la noche de San Juan, sorprendió a los Barrientos Oviedo y los suyos celebrando la concreción de un disco simple en honor a la Virgen de Urkupiña. El Gato, además de financiar esta andadura musical en la empresa Lauro y Cía. de La Paz, había participado en dicha grabación como la primera voz; pero no impulsado por la devoción, sino impresionado por la mixigenación vital y panteísta del espíritu colectivo expresado en esta festividad pagano religiosa, e incitado por el amor a la estética del canto folklórico y su perspectiva histórica. La grabación mencionada, se constituye en la primera dedicada a lo que fuera la fiesta religiosa más grande del territorio nacional, merced a sus infinitas connotaciones económicas y socioculturales. De esta forma, se aunaron  dos generaciones de músicos de una misma familia: Los Hnos. Barrientos Oviedo y Sangre de América.

 

       La fiesta transcurría en medio del fuego, los petardos, los cohetes y las evocaciones; entretanto las voces y los instrumentos se amalgamaban a los antiguos licores, como se unen la carne y el alma, como se unen el mendrugo y el vino. De pronto, en un paréntesis de la algarabía, el Gato dirigiéndose a Adalberto Barrientos Oviedo, le preguntó: ¿Es verdad que le enseñaste a Alfredo Domínguez a pulsar en forma técnica la guitarra, y que éste nunca lo reconoció públicamente? El aludido, después de una ligera pausa, tan sólo dio respuesta a su sobrino con el acertijo de una triste sonrisa. A pesar de ello, el Gato pudo advertir que por los ojos de su tío atravesaba el espantajo de un recuerdo ataviado de ingratitud y de olvido; empero no vislumbró ni un destello de oscuro rencor ni de vano pesar, porque el imperativo categórico que se había propuesto el maestro en su dilatado existir, fue ser siempre útil y compartir el legado de Euterpe, la musa bienhechora de la música.

       Adalberto Barrientos Oviedo cumplió en julio de la presente gestión 85 años de apasionante vida, y todavía dibuja, pinta, compone y enseña música. Este bondadoso anciano ahíto de conocimientos esotéricos, para solazarse aún es capaz de arreglar cualquier artilugio electrónico o mecánico, mientras serenamente aguarda que el ritmo arcano de su corazón sea detenido por la muerte.

Cochabamba, 5 de junio de 2005.

 

Notas marginales y complementarias. 

 

Apunte.- Cuando el 5 de junio de 2005, la página B4 del suplemento Lecturas  del periódico Los Tiempos  publicó por primera vez el ensayo Gentes y arcanos del extremo sur (que posteriormente fue divulgado por varios periódicos y revistas nacionales por la novedosa e irrefutable  historia desentrañada), Adalberto Barrientos Oviedo  aún vivía. El inigualable y enigmático músico tupiceño falleció el 22 de diciembre de 2005.         

 

¹Remedios Oviedo Noriega de Daza (+), poetisa y compositora, nació en Tupiza un 10 de mayo de 1888, siendo hija de Don Adolfo de Oviedo y de la Sra. Candelaria Noriega. Su única hermana fue la Sra. Elvira Oviedo Noriega de Barrientos (+). Su padre fue creador de muchas canciones españolas y bolivianas hoy extraviadas, una de ellas: Calla corazón (también conocida como Has visto morir al sol), es una cueca boliviana que fue complementada en la letra por su hija Remedios, además de vocalizarla emocionadamente. Su bisabuelo paterno fue Don Joaquín Alonso Mier, Conde de Oviedo (que conservó a ultranza y hasta su expiración su rancio título nobiliario). Para el causante de este ensayo, las principales composiciones de esta artista tupiceña son: la cueca Golondrina viajera  que resulta ser su primera obra musical, el vals Tupiza cuya letra le pertenece, el huayño La gallina y el gallo alusivo a los inconvenientes amorosos de un presidente de la república de su época, el tango La cruz de mi camino que evoca su denodado y atormentado existir, Himno a los Chichas  dedicado a los pueblos heroicos de aquel girón sureño donde se engendró Bolivia, la marcha Mujer boliviana en honor al animoso y sacrificado sexo bello de nuestra patria, el bailecito Caramba, y otras armonías al presente olvidadas. Innumerables construcciones musicales de su autoría fueron plagiadas e incorporadas al folklore argentino. 

 

Asombra conocer que Remedios Oviedo Noriega de Daza desconocía las leyes de la versificación y, sin embargo, fue una exuberante poetisa. De la misma manera, desconocía la notación musical, y fue una admirable compositora. Sus obras musicales fueron transcritas al pentagrama por el memorable maestro boliviano Gilberto Rojas y, varias de de ellas, fueron grabadas en “Discos Méndez”. 

 

La aludida poetisa y compositora fue bautizada por el R.P Raimundo Soza el 12 de mayo de 1888 con el nombre de Remedios, en honor a la Virgen de Remedios, que es patrona de la ciudad de Tupiza. Como dato curioso e histórico concerniente a la familia Oviedo, es relevante conocer que, en fecha 31 de enero de 1969, Elvira Oviedo Noriega hizo entrega inventariada a la Parroquia de Tupiza, en la persona del R.P. Miguel A. Vetter, de la imagen de la  Virgen de Remedios con todas sus joyas, vasos sagrados, muebles y demás ornamentos, aparte de transferir nueve lienzos coloniales alusivos a la vida de la indicada Virgen. En esta generosa transmisión estuvieron presentes el Sr Eduardo Ustárez, como Alcalde Municipal de Tupiza, y los señores Manuel Mitru e Isaac Barroso, como representantes de la Contraloría. Estos datos fueron extractados de una misiva que Iván Barrientos Oviedo dirigió a la Alcaldesa de Tupiza, María Luisa Vargas de Molina, cuya carta lleva como lugar, La Paz, y como fecha, el 1 de julio de 1983.    

 

² Los Hnos. Barrientos Oviedo (Adalberto, Godofredo e Iván), todos tupiceños, fueron excelentes compositores e intérpretes con estudios musicales, sus obras en partituras son un legado que merece ser redescubierto por las generaciones bolivianas presentes y futuras.

 

El maestro Adalberto Barrientos Oviedo fue un compositor e intérprete extraordinario, del cuál, su pariente consanguínea Rosa Solares del Callejo (abuela materna del Gato Medrano Solares), aseveraba que tañía con exquisita destreza alrededor de una veintena de instrumentos. Adalberto, sin lugar a discusiones, fue el guía musical de sus hermanos menores Godofredo e Iván.  

 

El trío Los Hnos. Barrientos Oviedo,  perteneció al Conjunto Teatral Nuevos Horizontes originado en Tupiza un 1ro. de mayo de 1946, del mismo que fueron cofundadores junto a Líber Forti, José María Cortés, José García Murillo  y Alipio Medinaceli. Los Hnos. Barrientos Oviedo orquestaron espléndidamente la parte musical de dicho elenco teatral. De acuerdo a informaciones fidedignas de Liber Forti, únicamente Iván actuó en diferentes roles y papeles en el teatro; en cambio Adalberto y Godofredo se limitaron a coadyuvar en la parte musical y en otros menesteres auxiliares en favor de las presentaciones imperecederas del conjunto teatral.

 

Más tarde, el eximio Alfredo Domínguez Romero integró el Conjunto Teatral Nuevos Horizontes interviniendo solamente en papeles y representaciones cómicas debido a su personalidad risueña y sencilla. Una tarde cochabambina de finales de junio de 2008, en el edificio “Los Álamos” ubicado en la Av. América y signado con el Nro. E-405 (Plazuela “4 de noviembre”), entre asfixiante humo de tabaco y una catarata irrefrenable de recuerdos, el longevo y soberbio Líber Forti le refirió al trashumante y rebelde Gato que,  cuando el Conjunto Teatral Nuevos Horizontes plasmaba algún trabajoso anhelo, Domínguez, en su coloquial manera de utilizar el lenguaje, irónica e invariablemente exclamaba: “de tan cierto, hasta mentira parece… ”.

 

Alfredo Domínguez Romero, integrando el Conjunto Teatral Nuevos Horizontes hizo su primera exposición de dibujos, pinturas y caricaturas en la plaza central de Tupiza el año 1959, después se consagraría en Ginebra como grabador, pintor y músico, gracias a un contacto que consumó Gilbert Fabre (apodado el gringo), cuando éste último fue su compañero de andanzas musicales en Los Jairas.  

 

³El domicilio de Adalberto e Iván se encontraba en la calle Torrelio No. 310 – dpto. 1 – 4 (zona Estación Central de la ciudad de La Paz).     

 

Éste disco simple constituye uno de los raros testimonios sonoros que  registraron los instrumentos de los Hnos. Barrientos Oviedo, (y también la voz de Iván en una declamación). Esta placa discográfica fue grabada conjuntamente a Sangre de América, integrada por José Franz Medrano Solares, el Gato (primera voz) y Gerardo Barrientos Zamora (segunda voz). Los últimos nombrados son familiares de los Hnos. Barrientos Oviedo. Esta aclaración ,se encuentra detallada en la entrevista Réquiem por  Sangre de América publicada en Potosí en la página 8 del periódico “El Siglo” del 27 de marzo de 2002.

El autor es abogado, escritor y músico.

E-mail: medrano_solares@yahoo.com