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El tesoro escondido del Altiplano | La riqueza medicinal de Los Lípez

El sudoeste de Potosí, custodiado por la majestuosidad del sitio Ramsar Lípez, alberga ecosistemas de una fragilidad extrema y una belleza vital. En este territorio semidesértico, las comunidades de Nor y Sud Lípez, entre ellas, Villa Alota, San Agustín, Quetena Grande y Mallku Villamar, conviven con paisajes de impresionante belleza, una paleta de colores divina y kilómetros de bofedales de agua dulce, salares y un complejo de lagunas visitado por miles de turistas, científicos e investigadores. Pese a que estos humedales pretenden explotarse y están riesgo, nada se dice sobre la expansión extractivista en esta área protegida, que ahora está en la mira de la “transición energética” para la satisfacción de los capitales individuales de las transnacionales que los están mirando como “depósitos de minerales” y a las comunidades como “pueblos en sacrificio”, con la retórica discursiva de “desarrollo y progreso”, pero ¿progreso para quién?

Los bofedales alimentan a las lagunas y los salares son auténticos reservorios de agua dulce, ecosistemas estratégicos para mitigar los impactos del cambio climático por su increíble capacidad de transformación del dióxido de carbono en oxígeno. Además, sostienen la vida, la biodiversidad andina y la identidad étnica.

La región ha sido históricamente golpeada por las secuelas y los pasivos ambientales de la minería del azufre, de la plata y del bórax. Frente a esta lógica de despojo, la memoria y el conocimiento local se erigen como herramientas de trinchera y defensa territorial. Por ello, Empodérate, sola y en alianza estratégica, ha desarrollado investigaciones puntuales en la zona, con el fin de entregar el conocimiento sistematizado a las comunidades y para establecer una línea base sociohídrica y también botánica. La relación planta-rhombre y planta-mujer es ancestral y también lo es la información sobre el uso alimenticio, medicinal y ritual de la flora de los humedales. Preservar esta información es estratégica para la supervivencia de las comunidades y de los ecosistemas.

Este documento es el resultado de una rigurosa investigación etnobotánica realizada en el corazón de las cuatro comunidades al inicio nombradas. Su propósito va más allá del registro científico, nace de un anhelo profundo de las y los comunarios adultos mayores, quienes manifestaron la urgencia de escribir un libro con sus conocimientos antes de que el tiempo borre sus memorias. En sus relatos late un temor legítimo: el olvido. Observan con preocupación cómo las nuevas generaciones ya no quieren aprender sobre los usos de las plantas para curar a las personas y a los animales, esenciales para la subsistencia en el altiplano.

La parte teórica y conceptual desvela una alarmante brecha entre los saberes intergeneracionales. Al contrastar la sabiduría de las y los abuelos con el conocimiento de los menores de 18 años, el estudio evidencia que el saber botánico es cada vez más escaso. Junto a esta pérdida, se visibiliza una crisis de valoración social: el alarmante olvido y desprecio hacia los yachus (las personas que curan), cuya figura sagrada y médica está siendo desplazada por las lógicas urbanas y occidentales.

Olvidar el nombre y el uso de una planta y perder el respeto por el yachu equivalen a entregar el territorio al asfalto y a la megaminería. Por ello, este informe representa un acto político de resistencia cultural y ecológica. Revalorizar la flora altoandina implica desacralizar el avance del extractivismo del litio, demostrando que el verdadero desarrollo andino radica en la protección de sus ciclos vitales, la siembra del agua y la salvaguarda de la herencia de las y los ancestros. Los bofedales no se venden, la memoria de las y los sabios no se rinde, se plasma en estas páginas para que las nuevas generaciones vuelvan a mirar la tierra con asombro, para que la valoren y para que la vorágine extractivista comprenda que no queremos más zonas de sacrificio.

Presentación Colectivo Empodérate (Pág. 15-16)