El litio se ha convertido en uno de los minerales más disputados del escenario global. A medida que crece la demanda vinculada a la transición energética, también se intensifican los intereses económicos, tecnológicos y geopolíticos en torno a este recurso.
Entre 2020 y 2026, Estados Unidos multiplicó casi siete veces sus reservas de litio y, en términos de recursos identificados, pasó a ocupar uno de los primeros lugares a nivel mundial. Este crecimiento refleja un giro en su estrategia para asegurar el acceso a minerales críticos.
Al mismo tiempo, China concentra gran parte de la capacidad global de procesamiento del litio, mientras Estados Unidos y Europa buscan ampliar su presencia mediante inversiones, exploración y acuerdos en países con grandes recursos, especialmente en el llamado “triángulo del litio”: Argentina, Chile y Bolivia.
Si bien estos países continúan entre los principales poseedores de reservas, el mapa global del litio comienza a reconfigurarse. La disputa ya no se limita a los yacimientos: también involucra el control de la tecnología, el procesamiento y las cadenas de suministro.
En este escenario, la creciente demanda mundial puede intensificar presiones económicas, políticas y ambientales sobre los territorios donde se encuentran estos minerales, especialmente en ecosistemas frágiles como los salares y en comunidades que dependen de ellos.
¿Qué implican estos cambios para América Latina?
¿Cómo equilibrar intereses globales, soberanía sobre los recursos y protección de los ecosistemas?
Lee el nuevo análisis de Jorge Campanini sobre los cambios en la geopolítica del litio.
